jueves, 17 de octubre de 2013

Cuando llueve café en el campo... y en la ciudad


Esta historia comenzó a documentarse a la vista de todos hace diez años y habla de un idilio rojo y frío, que duerme en el grano de una planta de cafeto. Ese grano se bebe hoy entre lo dulce y lo amargo, espuma y burbujeo, y es alma en ágape con familiares y amigos, o en el trabajo, y atraviesa el arte, la cultura y la política.

Es la bebida clásica por excelencia que calza la cotidianidad diaria, que está tan lejos como un sobre en la cocina y es tan universal que entiende de ruana y esmoquin.

Érase una vez una Colombia de sueños molidos, como el café, que hizo de la semilla traída por los colonos europeos el sumun de la exportación nacional, una cunita donde cabía un mundo diferente a las balas que narraron la historia del país desde su conquista, y que en 1927 dio un paso decisivo en sus aspiraciones económicas, políticas y culturales: creó la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC), considerada una de las ONG rurales más grandes del mundo.

Con gremio forjado y constituido, cuesta ignorar por qué tardó tanto la organización en hacer del café una verdadera marca nacional, pues si bien era el principal producto de exportación, en el país la tradición cafetera estaba relegada para los abuelos, para los adultos de la casa, para leer el asiento del grano y predecir el futuro.

Solo hasta 2002 la FNC gestó Procafecol, la organización creada para generar negocios de valor agregado al café y promocionarlo a nivel internacional. “Hasta ese momento, Colombia se concebía como proveedor de café verde, estándar y especial. Sin embargo, con la observación de los cambios en el mercado internacional y las recurrentes crisis de precios que golpeaban principalmente a los cultivadores, el país decide hacer una apuesta arriesgada y ambiciosa para participar de estas oportunidades”, asegura Edwin García, director de Mercadeo de Procafecol S.A.

La iniciativa se apoyó en el personaje de Juan Valdez y en su reconocimiento, un señor de bigotes que se vuelve marca y pone su firma en los productos premium que distribuye en la cadena de tiendas de su mismo nombre, y en los negocios de retail. Allí descubrieron los colombianos, y sobre todo, la nueva generación, que el café es más que agua negra con burbujeo espumeante, caliente hasta quemar, y obligación de tertulias.

Con un menú cargado de cafés filtrados, espressos, nevados y bebidas frías, el colombiano entendió que el grano rojo ofrece un mundo de posibilidades para probar hasta siempre. “El desarrollo del menú original de Juan Valdez duró cerca de dos meses, lo que incluyó desarrollo de receta, validación de ingredientes y pruebas de consumidor, entre otros. Hoy el menú se mantiene en constante evolución, producto de las necesidades de innovación que demanda el mercado”, explica García.

Los nevados han sido desde el principio la bebida de mayor éxito y ha ido creciendo constantemente la demanda de bebidas a base de espresso (lattes, moccas y capuccinos). De hecho, los nevados son los favoritos del público joven, principalmente en tierra caliente, en un rango de edad entre 17 y 25 años.


 
“Las bebidas como nevados y granizados son una buena forma de introducir a las personas, especialmente a los jóvenes, en el consumo bebidas con café, pues son ricas e indulgentes”, sostiene el vocero de Procafecol. 


En este año de celebración por los diez años de Juan Valdez, la marca lanzó una colección de ropa y productos de edición especial como el café conmemorativo, que comprende bebidas hechas con el grano producido en lugares cafeteros a nivel nacional que la gente no tiene presente. “La zona de producción de Colombia es muy extensa y abarca lugares que no están en el pensamiento común de la gente. Por tal razón se han querido promocionar 10 orígenes que están por fuera del eje cafetero y que producen un café de altísima calidad”, subraya el director de mercadeo.


Un nuevo amor. Un experto como Luis Fernando Vélez, o un amante, mejor, sabe muy bien que un café especial es uno que tiene más de 84 puntos sobre 100 en un panel de catadores expertos; que un café de origen es un café que proviene de una región específica que puede ser una finca, un municipio, o un país, y que la importancia de este tipo de café es que hasta hace muy pocos años se decía que el mejor café siempre venía de una mezcla, y hoy se ha demostrado que un café de origen tiene una mayor complejidad y cantidad de aromas y sabores.

Él, que está convencido de que la lata es la materia que mejor protege la calidad del grano, es otro de los abanderados de la causa del café no solo como producto nacional, sino como estilo de vida. “El café tiene que ser nuestro estilo de vida. Es el producto de Colombia con el más alto reconocimiento a nivel mundial y así como los japoneses tienen el ritual del té, los colombianos estamos empezando a desarrollar nuestro ritual del café”.

Por eso, Amor Perfecto, su empresa, presta servicios como la Barra de Café y las cataciones. La Barra de Café incluye barista, máquina de café, molino e insumos, para que las fiestas y reuniones se disfruten tanto como con una fuente de chocolate.

Del mismo modo ofrece la catación de café, en la que se realiza una inducción sobre las diferentes regiones cafeteras de Colombia, una presentación de los procesos desde la finca, y se catan los cuatro sabores básicos a través del grano: salado, ácido, amargo y dulce.

Luis Fernando Vélez, creador de Amor Perfecto
Amor Perfecto, que empezó en 1997, cuando Juan Valdez ni siquiera se había pensado, se suma a las empresas colombianas que continúan en la búsqueda de los mejores cafés de Colombia, como sucede también con Oma. “Las inversiones de Juan Valdez han hecho que la categoría crezca y se desarrolle”, agrega Vélez, quien con su empresa y toda la flota explotadora de café busca responder a un ideal que quiere posicionarse mundialmente como imperativo de identidad cultural, y asimismo hacerle frente a un grande que llegará al país en el 2014: Starbucks, la multinacional de la sirena inspirada en Moby Dick, que, en palabras de su presidente Howard Schultz, no viene a ser la competencia del café colombiano, sino a aumentar su consumo.

Ojalá que llueva café en el campo, y en la ciudad, y el esnobismo no se trague, de un sorbo, los sueños que comienzan a arropar a una nación que quiere ‘tomarse’ en serio su calidad exportadora.

Arte en espuma. Sonja Björk Grant es la mejor entrenadora de baristas del mundo. Sonja es islandesa, y barista es una palabra de origen italiano que se refiere a las personas que preparan café en barras. Un barista le da corporeidad al alma de la semilla cafetera. Es el último maestro en la cadena productiva del café como bebida, luego de pasar por las manos de recolectores y tostadores. Es el genio del arte en la transformación de la materia prima. El que regala la sonrisa al final.
Björk estuvo de visita en Colombia hace un par de semanas. La invitó Amor Perfecto, la marca fundada por Luis Fernando Vélez, un enamorado del café que descubrió en Londres, en los inicios de los 90, que tomar esta bebida merece un ritual. La islandesa ha sido juez y organizadora de más de 20 campeonatos de baristas del mundo, y llegó al país para continuar con el compromiso de Amor Perfecto: “dar a esta profesión el posicionamiento y el encanto para consolidar la cultura de café en Colombia a través de las mejores preparaciones”.
Para Sonja, ser barista no requiere de ningún secreto o truco especial. “Creo que se trata de ser curioso de su café, hacer preguntas y trabajar con otros baristas. Estar abierto a nuevos sabores, cafés de degustación, probar nuevas ideas de elaboración y simplemente seguir experimentando”, confesó a EL HERALDO.
Entre sus calificaciones no solo puntúa el mejor sabor y consistencia, sino un arte enraizado a la estética del café, el denominado latte art, o el dominio de esas figuras de espuma que se posan sobre la bebida y que el consumidor procura no tocar con los labios, para conservar las espigas, corazones y caritas que se dibujan.
Se llega a ser un experto en el latte art con mucha práctica, dice la escandinava. “La leche ha de ser espumada de una manera que es sedosa, suave, sin grandes burbujas y no demasiado gruesa. A continuación, se trata de la técnica de vertido y la creatividad detrás del patrón que desee conseguir. El contraste entre el café y la leche es muy importante, en blanco y negro. Aquí también es muy bueno tener humor y creatividad, algo que le saque la sonrisa al cliente”.

Esta es la genial Sonja

lunes, 12 de agosto de 2013

Mingo, un rey del Carnaval sin corona

Este artículo fue publicado el 23/05/2013 en el diario El Heraldo

¡Ay, Mingo!, te fuiste sin que nos diéramos cuenta. Sin mucha bulla y carcajadas. Sin que supiéramos bien, ni tú ni tu familia, el porqué de tu baja exagerada de peso. El implante dental que tuviste que adoptar para no perder la sonrisa amplia que nos regalaste a todos te causó una infección, pero no era esa la razón de tu inapetencia, de tus ganas recortadas de comerte un buen plato costeño, que te alimentara las ganas de seguir echando cuentos. La depresión de no tener dientes, que te impedía ‘pelar la chapa’ como estabas acostumbrado a hacerlo, disfrazó lo que en verdad te devoraba por dentro.

El hierro, entonces, fue insuficiente, y el resultado de la patología solo les dijo a los médicos hasta hace dos días que un tumor maligno se había alojado en tu colon. Tu hija Kathy, una de los seis que concebiste al lado de Cila Olivares, con quien cumplirías 50 años de casado el próximo agosto, recuerda lo débil que estabas el pasado domingo, cuando tuvieron que llamar a AMI urgentemente porque tu desgano era ya preocupante. Una baja de potasio te recluyó, en tus últimos días, en la Clínica La Asunción.

Enamorado y caballero, tuviste 18 hijos producto de tus amoríos. Bien vestido siempre estabas, elegante a tu modo, como dice Rafael Páez, quien fuera tu director por una década en Cheverísimo, el programa que, con tu presencia, llegó a ostentar el más alto rating de sintonía que haya tenido Telecaribe. “A pesar de haber llegado con un nombre, de haber llegado un tipo con 20 años de experiencia en el humor, era un hombre muy llevadero”, rememora Páez. Entendía, repetía, daba paso a los otros. “No porque fuera el de mayor experiencia era el de la última palabra”. Mingo, también fuiste maestro, y los buenos maestros saben reconocer el talento de sus alumnos.

Tú, el hechicero del humor radial, el pionero de esta tendencia, el arquitecto de sonrisas que se hicieron sintonía en estaciones como Emisora Atlántico y Radio Libertad. Tu salud venía mermando desde el 2009, cuando una arritmia cardíaca nos dio el primer susto.

Tu sonido particular, tu dicharachera manera de lograr audiencia, te hicieron “el propio barranquillero autóctono, aquel man alegre, maestro del humor”, en palabras de Rony Laitano, el popular Care’perro, uno de tus compañeros de set y de carcajadas. Él, como Rafa Páez, como todos los que te conocieron de verdad, saben que te llevaste a la tumba un sueño frustrado: liderar la fiesta del paroxismo currambero, la de los cuatro días que te agitaban el corazón. “Rony, lo que menos me ha gustado es que no me han puesto Rey Momo del Carnaval”, le confesabas a viva voz, cada vez que podías.

Hijo de la Barranquillita que duerme sobre el Caño de la Auyama, nunca te quitaste el sombrero de caballero. “Él echaba sus cuentos costeños con doble sentido sin necesidad de ser un guache”, apunta Claudia Sánchez, otra de sus compañeras de sus años ‘cheverísimos’. Álvaro Ariza, otro integrante del grupo, se sabe de memoria el lugar en el que residió tu éxito. “Lo que caracterizó a Mingo como humorista fue la sobriedad. No era un tipo obsceno, ni vulgar. Manejaba el doble sentido con mucha altura. Era un humorista costeño, pero el costeño bien hablado, el costeño que se expresaba bien. Fue un verdadero caballero de la tarima”.

Y entre las muchas facetas que dominaste, como esa, la del ‘cura cheverísimo’, el amo y señor de las letanías en Carnaval, tú, Manuel Domingo Martínez Morillo, te acordaste de lo intelectual. EL HERALDO de cada día, que no dejabas de leer, te entretenía con el crucigrama, el que jamás te dejaste quitar cuando ibas, cada sábado, a grabar. “Cuidado el crucigrama”, advertías. Eras el dueño y señor de la página, como de esa corona que no portaste, pero que por siempre has de llevar.

Con el actor de televisión Bruno Díaz

domingo, 4 de agosto de 2013

Elie Saab, el libanés que no le temió a la Alta Costura

Este es un sueño hecho realidad: luego de varias semanas de correos electrónicos que iban y venían, logré contactar, para El Heraldo, el periódico en el que trabajo, a Elie Saab, uno de mis diseñadores favoritos (si no el más), para una entrevista exclusiva. La nota salió publicada el 14/07/2013.


Es uno de los tres diseñadores no franceses de Alta Costura. Su nombre se unió al de Giorgio Armani y Valentino, ambos italianos, para llegar a la cumbre de la moda mundial e instalarse al lado de la genialidad creativa de casas como Dior y Chanel.

Nació en Damour, Líbano, en medio de un ambiente mayoritariamente musulmán, pero se crió católico. Sin embargo, crecer sumergido entre lo más arraigado de las conservadoras costumbres árabes le regaló un sentido del respeto por la mujer como pocos. Sus creaciones, todas, son un homenaje a la feminidad.

Elie Saab comenzó a diseñar a los nueve años, haciendo ropa para sus hermanas. Rápidamente, terminó vistiendo a las chicas de su vecindario, y con valor, logró inaugurar, en 1982, su primer taller de costura en Beirut, empezando así la carrera del que es, hoy, el más grande diseñador de la historia de su país; un verdadero abanderado de la moda, que traspasó fronteras y se convirtió en inspiración para las futuras generaciones.

A través de comunicación virtual, EL HERALDO logró concretar esta entrevista con el libanés, en la que siempre dejó claro un par de cosas: la primera, que es un profesional como pocos, pendiente del más mínimo detalle. Segunda, que es un apasionado del universo femenino, un hombre que no teme en rendirle un homenaje hecho arte, a través de sus diseños, a la mujer.

Es autodidacta, ¿cómo educó por sí mismo sus diseños y puntadas?
Nací con esta pasión de crear y hacer vestidos y siempre estaba rodeado de mujeres hermosas, de las hermanas de los vecinos, por lo que el deseo de vestirlas y que se vieran elegantes y con estilo fue mi inspiración constante. Mi pasión se convirtió en una carrera y continuó con la costumbre de diseñar vestidos de gama alta, lo que me encanta hacer. Fue difícil al principio, ya que la industria de la moda no existía en realidad en el Líbano, pero estoy muy orgulloso de haber abierto el campo y haber creado nuevas vocaciones en mi país. Creía que mi destino era trabajar en la moda y, gracias a mi perseverancia y trabajo duro, la casa Elie Saab fue creciendo con los años.

¿En qué piensa al crear una pieza? ¿Qué debe reflejar esta?
Cualquier cosa puede ser una fuente de inspiración. La imaginación es importante, ser capaz de crear, pero también uno debe inspirarse en todo lo que le rodea, ya sea del arte, la naturaleza, etcétera. Para mí, las mujeres siempre han sido la mayor fuente de inspiración. Personalmente, estoy inspirado por todo lo que veo. Por encima de todo, diseño la ropa para ser usada. Hoy, la mira de la firma es una combinación de siluetas elegantes y atractivas, el corte adecuado y los detalles femeninos. Mi prioridad es siempre diseñar un vestido que resalte la figura de una mujer en su mejor momento, lo que hace que sea femenina y elegante.

La última colección de Alta Costura del diseñador está inspirada en las princesas. El trabajo manual es asombroso.

¿Tiene algún tipo de ‘ritual’ para diseñar o simplemente una pieza se le puede venir en cualquier momento a la cabeza?
Mi proceso de diseño comenzó a partir de una idea. Yo rara vez trabajo con bocetos. Suelo trabajar directamente con los patrones de las telas, las líneas de trazado y los detalles. Me encuentro regularmente con los equipos de trabajo en mi estudio de diseño y mi taller, para comprobar el progreso de nuestras colecciones Couture, prêt-à-porter y accesorios.

¿Por qué ese aire de fantasía es tan importante en sus creaciones, que parecen hechas a la medida de una auténtica princesa?
Mi prioridad es conseguir el corte adecuado del vestido con el fin de resaltar la figura de la mujer lo mejor posible. Yo creo que la mujer debe usar el vestido, y no al revés. Se trata de la percepción de la mujer y de darle el respeto que se merece mientras se diseña y se confecciona el vestido.

¿De dónde nace esa sensibilidad especial para diseñar vestidos de novia?
Diseño un vestido de novia para cada colección de Alta Costura, que siempre cierra el show de cada temporada. Diseñar trajes de novia para Alta Costura es para mí un gran placer, pues se usan para la ocasión más especial en la vida de una mujer. Disfruto de compartir la alegría y la satisfacción de mi cliente y ayudarla a hacer su sueño realidad.

Famosas como Paz Vega, Taylor Swift y Sandra Bullock han lucido las creaciones del libanés.

Ha vestido a muchísimas famosas con sus creaciones. ¿Podría mencionar a alguna mujer de la historia que pueda encarnar la filosofía de Elie Saab, esa modelo perfecta…?
Cada celebridad que vestimos es una gran representante de la marca. Siempre nos aseguramos de que las actrices se corresponden con la imagen de la marca y que, al mismo tiempo, el vestido que elija se adapte a su personalidad. Yo diría que cualquier mujer elegante, con carácter, puede representar la filosofía de la marca. La imagen de Elie Saab aplica a toda mujer que aspira a la feminidad, el refinamiento y la elegancia, a pesar de su origen y del país en que viven.

¿Qué opina de las latinoamericanas, unas mujeres que también suspiran ante muchas de sus creaciones?
Las latinoamericanas tienen esa fuerte personalidad que me gusta en las mujeres. Son mujeres con carácter que buscan la elegancia y el glamour.

¿Con un auge de la democratización de la moda y el lujo como el actual, cree que la Alta Costura puede estar en riesgo?
La Alta Costura y el prêt-àporter son dos enfoques completamente diferentes de la moda. Ni los clientes, ni el tipo de diseño o producción son la misma. La Alta Costura no se trata de vestidos o trajes, sino de crear una silueta única que es exclusiva de la mujer que la ordena. La Alta Costura existirá siempre, de una forma u otra, evolucionando y adaptándose a los estilos de vida cada vez más internacionales de la mujer.

Además del diseño, ¿cuál es su otra pasión, la desconocida?
Soy un apasionado de la arquitectura y el interiorismo. Lo que le sorprende a la gente es saber que soy un minimalista de corazón. Esto se refleja muy bien en el diseño de mis casas y tiendas, que son muy simples y casi espartanas en cuanto a decoración. Mi estilo de marca personal es una fusión de simplicidad, lujo y elegancia. Me encanta coleccionar muebles de época con el fin de crear un estilo único en cada una de mis casas: una está decorada con obras francesas del siglo XVIII, una tiene muebles típicamente orientales, y otra está llena de muebles de los años 70, porque es un una de mis épocas favoritas.

Este ensoñador vestido de novia cerró su pasarela en la Semana de la Alta Costura, en París.

miércoles, 31 de julio de 2013

La verdad sobre el caso Joël Dicker

Este artículo fue publicado en el diario El Heraldo el 25/07/2013

“Un buen libro, Marcus, es un libro que uno se arrepiente de terminar”, le explica Harry Quebert a Goldman, el personaje narrador de la nueva novela en lengua francesa que ya se encuentra en escala de fenómeno mundial. Y el arrepentimiento se cuela entre los lectores cuando empiezan a extrañar la palpitante historia de un reputado profesor de literatura, una vez inmersos en las 660 páginas de este thriller americano escrito por un suizo, que parece terminar en cada capítulo, cuando, apenas, una nueva historia comienza.

La habilidad narrativa de Jöel Dicker pone a prueba sus 27 años, una edad casi atrevida para cargar con el éxito avasallante de una primera novela publicada con más de 750 mil ejemplares vendidos, y la osadía de colgarse al cuello los galardones Goncourt des Lycéens, el Gran Premio de Novela de la Academia Francesca y el Lire a la mejor novela en lengua gala. Temprana hazaña editorial.

Carátula del libro
Del idioma original del texto, el suizo tiene que decir que “la novela francesa está atravesando tiempos difíciles, y ya París no es la verdadera capital de la cultura: ser leído, apasionar a los lectores, es visto como sospecha. A la cabeza de las listas de los libros más leídos está Harry Potter o Cincuenta sombras de Grey. O la novela americana de un suizo como yo”. Es cierto. Ahora, el libro del ‘niño prodigio’ de la literatura europea sobrevive a las ‘llamas’ de Inferno, de Dan Brown, incluso aventajándolo en algunos países como España e Italia.

La verdad sobre el caso Harry Quebert, la segunda novela que escribe Dicker, pero la primera en ser publicada, es pura ficción con sabor a verdad que no dejar de sorprender párrafo a párrafo. Una cuenta regresiva que no para hasta descubrir quién mató a Nola Kellergan, una encantadora quinceañera residente en Aurora, New Hampshire, amante de Quebert, el mentor de ‘El Formidable’ Marcus Goldman.

En las primeras páginas, sobre todo, hay un sentimiento agudo: un suizo que se cuela en el corazón americano, redescubriendo los pasos de su proeza como escritor, como cuando todo era un sueño. Parece que Joël Dicker se autoprologara. Sus líneas, quizás, dilucidan los atisbos del lector que interpreta a modo de autobiografía. Todo esto, con la investidura estadounidense de un promisorio escritor perdido en los suburbios neoyorquinos. Algo así como escuchar Sweet Home Alabama de fondo, sintiéndose poderosamente norteamericano. Tanto como Forrest Gump o el Tío Sam.

El Millennium suizo, como lo ha catalogado la crítica mundial, cumple toda la intención de su autor: desbordar los sentimientos de los lectores en su libro tal como lo harían con una serie televisiva de Hollywood. “Quería intentar escribir una novela extensa. Escribir un libro largo que se leyera rápido pero que no dieran ganas de terminarlo. Un libro que fuera como un suspiro. Un único suspiro”, declaró Dicker. Sueño cumplido.

Sus influencias: Philip Roth, “el escritor vivo más grande”, según el suizo. Roth, un Jersey boy ganador del Pulitzer, por solo mencionar uno de los tantos galardones conseguidos, despierta una pasión inusitada en Dicker, quien incluso rodea las pretensiones de Stieg Larsson con su trilogía de novelas policíacas.

En Latinoamérica ya se asoma la obra, por eso, conviene hablar de la verdad sobre el caso Jöel Dicker, más que del propio Quebert, en realidad.

lunes, 29 de julio de 2013

De fiesta, ¡un año más!


Ya es un añito más, y ¡son tres! Cuando creé Indeleblia sabía que debía perdurar, quedarse para siempre conmigo y con ustedes hasta que estas letras atrevidas que se me salen de vez en cuando permanecieran en el tiempo.

Tres años son valiosos para mí, para este micromundo que se asoma en el gran universo virtual y regala maneras diferentísimas de ver la vida, de sentirla, de olerla, de imaginarla.

A los lectores de siempre, gracias mil, y como siempre, pedazos de pudín cibernéticos, así como una rica de taza de café, con mucha azúcar, como la suelo pedir.
A los ocasionales, un abrazo de bienvenida, y la invitación para quedarse.
Ya verán que valdrá la pena.

Con amor, Andre.

jueves, 18 de julio de 2013

Puerto Colombia: una obra de arte a orillas del mar

Este artículo fue publicado el 19 de mayo/2013 en el diario El Heraldo.

'Concierto de piano en el Muelle', obra de Rigoberto Rodríguez.
Las fotos son de Andrés Rodríguez y las reproducciones de las obras de Giovanny Escudero.
Una línea tangencial al malecón policromático en la explanada del mar bordea los sueños de colores de los porteños. Su fisonomía, también colorida, la han pintado 80 artistas que le apostaron al renacer del municipio atlanticense que se esconde bajo las coordenadas 10°59’’’ latitud Norte y 74°57’’’ longitud Oeste.

Estas, a su vez, revisten la magia de un pueblo que ha pintado su historia a través del arte, que como oleajes del agua del mar, se columpia en un vaivén que la arrastra justo hasta la orilla de su origen, o bien, la aleja, adentrándola al interior de las aguas, que como el olvido, se la traga de a ratos.

Esa marejada en altamar se ha acordado, desde hace algún tiempo no precisado, de devolver al borde de la playa los años mozos de una bonanza artística, cuyo génesis y culpable –concuerdan todos los hechizados de Puerto Colombia- es el mar.

En ese recinto de sol y salinidad, Alejandro Obregón y Sonia Osorio descubrieron una fortaleza que florecía como recinto del arte y de amores. La casa donde vivieron, adornada con un mosaico y un mural, pronto será un parque con jardín que se llamará como la pareja. Otros nombres, como Arnoldo Bolívar, Marceliano Solano, Víctor López, Guillermo Rudas, entre otros, se desprenden de los pensamientos de quienes recuerdan aún a pobladores insignes del municipio que dejaron huella como referentes culturales.

La bahía de Cupino fue el caserío que antecedió la población que duerme al noroccidente del departamento del Atlántico, esa que es reconocida por albergar “un Muelle de atracadero de barcos trasatlánticos, que en su época, marcó un hito histórico como obra de la ingeniería”, según explica Álvaro De la Espriella Arango mientras prologa el libro Puerto Colombia, un patrimonio histórico cultural.

A su autor, Rigoberto Rodríguez González, se le dio por nacer en San Bernardo del Viento, Córdoba, pero su labor artística y docente lo arrastró a la esquina porteña, la misma que se convirtió en la inspiración de sus pinturas, que atrapan en pinceladas, casi como epigramas, los momentos que han escrito el ser de la población.

El Muelle, el gran brazo del Municipio, es el tema recurrente en sus obras, ya sea ‘tocando melodías’ como en Concierto de piano desde el último muelle, o con un Munch ‘parafraseado’ en óleo, en El grito en el muelle de Puerto Colombia.

Efraín Arrieta, su profesor en la escuela de Bellas Artes, lo llevó allí para pintar el mar, el Muelle, sus encantos, en 1983. La invitación desembocó en un ejercicio educador, que trascendió las aulas de clase y lo motivó a “rescatar la memoria histórica en el libro”, que ha entregado en varios tomos. El primero vio la luz hace 8 años.

En las páginas del segundo de ellos, lanzado hace un año, se leen nombres como Pedro Peñate, Dagoberto González, Jaime Saltarín, Róbinson Bolívar, Javier López, Jorge Miranda, Alberto García, Luis Fernando Suárez, Juan Miranda, y muchos otros que, por espacio y un simple acto aleatorio, que consistía en mencionar a algunos pocos, no caben en este texto.

El profesor Rigoberto, en su investigación, rescató del abandono a estos personajes, quienes han levantado, junto con otros actores, a Puerto Colombia como una fortaleza artística. Los efluvios marinos del lugar han construido un recinto vivo que camina con la cultura como norte. El boom del arte porteño va contracorriente a la vida recortada del ‘pentamuelle’, que se derrumba cuanto más álgido se vuelve el punto en el que se alza la ‘movida’ cultural local.

Talleres de pintura y escultura, de danza y literatura; cineforos, obras de teatro y otro tipo de encuentros culturales esculpen la columna que sostiene la interesante actividad pedagógica y creativa. Un cronograma bien delineado de eventos semanales y mensuales ubican a Puerto Colombia como un espacio propicio para fabular estéticas, para recrear nuevas formas de educación y expansión del alma a través del arte.

32° grados centígrados funden esta población al calor efervescente que alberga casi 27 mil habitantes, según el último censo del Dane, datado del año 2005. Ese sopor cocina el ingenio de los artistas locales, muchos de los cuales han encontrado un refugio vital para su labor en la Fundación Puerto Colombia, una entidad sin ánimo de lucro, que con más corazón que palabrería, ha logrado visibilizar las acciones de estos acrobáticos espíritus, que han escondido la dificultad en un traje que sonríe, en una mirada optimista que guarda el súmmum de sus sueños.

“Hemos identificado unas fortalezas impresionantes para desarrollar en el municipio y en la Región. La primera, es un hecho histórico que pertenece solo a Puerto Colombia, y es que fue la entrada, gracias a su Muelle, de toda la modernidad a Colombia. Por aquí entraron los inmigrantes de las dos guerras que se vivieron en Europa. Y estos inmigrantes, que fueron casi 4 mil, transformaron a Colombia en lo genético, en lo cultural, en lo gastronómico, en lo social, en lo económico”, explica Hortensia Sánchez, presidente de la Fundación.

Esa ola migratoria marcó, en gran medida, las futuras generaciones. Hoy, los descendientes de los Waresky, Campbell, Kandlar, Hodwalker, Lamamna, Cerdan, Altahona, Maury, Bosch, Loewy, Sperer y de otras familias italianas, francesas, libanesas, alemanas y españolas, apersonan la influencia romántica de sus genes europeos y reavivan el delicioso gusto por el arte, siempre bien plantado en el Viejo Continente.

El hecho histórico de contar con el Muelle, obra del ingeniero Francisco Javier Cisneros, ha nutrido esta esquina del Caribe con una inyección de arte única. “Hay una nueva migración de artistas a Puerto Colombia. Nosotros llevamos contados casi 400, entre literatura, artes plásticas, arte dramático, fotografía, en todas las manifestaciones. Lo que hicimos con el Malecón fue unir una población artística como en un punto geográfico importante del municipio. Los hacemos visibles”, continúa Sánchez.

Esa realidad tecnicolor que pinta cada rincón del municipio con arte la atestigua Iván Wharff, el nuevo secretario de Cultura municipal y uno de los gestores culturales de la zona. “Desde que estoy vivo, en Puerto he visto el proceso cultural, y en mi época de niño, me acuerdo que la parte artística se manifestaba de una u otra forma de manera espontánea”. Sus recuerdos lo llevan a 1971, cuando se conformó el primer grupo experimental de teatro, al que lo sucedió un fuerte trabajo en pro del Carnaval, cuando anónimos se reunía informalmente y le proponían actividades al alcalde de turno.

La creación de la Casa de Cultura, recinto sagrado que albergó intentos culturales que hoy susurran como eco sordo, fue un hecho que, según Wharff, “empezó con 20 personas y terminó con tres”. Sin embargo, las acciones que impulsaron los hacedores culturales a nivel nacional con estos epicentros formativos desembocaron en la creación de la ley general de Cultura, en 1997. Este hecho, según el funcionario, vino de la mano de un cambio en la misma actitud del porteño, que antes no se preocupaba por culminar sus estudios de secundaria, y que hoy se ahoga en “una juventud ávida de conocimiento”.

Ser porteño implica ver nacer el Sol en el mar. Es un municipio estratégico, y por eso desarrollamos lo que tenemos, rodeado de cerros”. Esa descripción romántica de Wharff, anidada a la cercanía de la población con una ciudad como Barranquilla, son los principales factores de progreso artístico de Puerto Colombia. “Ahora, la prosperidad social es la bandera de gobierno del alcalde Carlos Altahona, por lo que brinda apoyo irrestricto a todas las manifestaciones artísticas y culturales”. Un visto bueno que crea, que convoca, que da esperanza a los creadores.

Puerto Colombia es un cuadro surrealista, una tragicomedia de colección, un poema con lágrimas, una cinta expresionista, un cuento de amor, una pieza de jazz, una danza de tradición. Que el arte, en su más pura finalidad comunicativa, sirva como vehículo para levantar el Muelle, monumento nacional que aún funge como bastión de ese rincón veraniego, bordeado de la más mágica y artística agua del mar.


El francés de la ‘película’ porteña. El francés que se topó con Puerto Colombia en su camino debe culpar al amor. Una cachaca –es él quien la llama así– se había casado antes con el mar, por lo que terminó mudándose al municipio porteño. Una vez allí, llegó un crítico de cine francés, de nombre Germain Sclafer, que se dice parisino de corazón. 


El galo llegó luego de recorrer Suramérica, tierra donde encuentra el equilibrio perfecto entre modernidad y tradición, y hoy escribe junto a su cachaca su propio guión, al mejor estilo del cinema clásico norteamericano, su otro gran amor.


El cineforo ‘La Estación’ fue un descubrimiento para ambos. De puro romanticismo, el francés llegó a la Fundación Puerto Colombia para ofrecer sus servicios, y hoy coordina una de las iniciativas culturales más arraigadas del municipio.

Su vida transcurre mientras caminan los ciclos temáticos de cine que plantea, y los porteños la siguen semanalmente, cada vez que se concentran en la plaza para romper la rutina y vivir de fotogramas por segundo bajo el cielo y las estrellas.

Germain Scafler

El poeta de los sueños sin caducidad. Ángel Medaglia, el Poeta del Muelle, declama la prosa y habla en drama. Notas mediterráneas se derraman sobre el acento costeño que se ha ganado por nacer en estas latitudes, sin embargo, sigue dejando acariciar los ancestros italianos que lo definen. El amor por Puerto Colombia lo atrapó luego de una invitación de su hermana, que escogió ese municipio para vivir su matrimonio. Dicho latir se entrelazó con el placer que le producía la poesía, el arte que heredó de su tío Américo.

“Inicialmente me fui a Sabanilla, porque era un balneario que frecuentaba la gente de élite de Barranquilla, y esa era una playa anchísima, ese era el público que yo prefería para la poesía, porque era gente culta. Declamaba a la orilla del mar mis poemas”.

Rimas y versos terminaron en un intento por el rescate del entonces olvidado Castillo de Salgar, adonde se atrevió a declamar poemas para los enamorados.

Ese ímpetu que le provocó el rescate del castillo lo hizo soñar, luego, con ese “vestigio de otrora” que se le antojó el Muelle. Su composición data de 1994, y desde entonces, no ha hecho más que abogar por salvarlo. Sueño sin caducidad.

Ángel Medaglia

La voz de un anhelo en tono mayor. La voz es el instrumento de Rosemberg Cueto, el menor de cuatro hermanos, el gestor de un eco coral que retumba hoy en la actividad cultural de Puerto Colombia. Su amplio recorrido artístico, forjado en la escuela de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, lo hace líder de una propuesta que suena y retumba en el alma de quienes aman la música y la sienten mejor a orillas del mar.

Un proceso coral significaba un reto en el municipio, que no tenía tradición lírica de este tipo. Sin embargo, la fuerza de su pasión lo llevó a tocar las puertas del Santuario Mariano Nuestra Señora del Carmen, la parroquia de Puerto, y conformar el coro infantil Regina Coeli, que amenizaba las eucaristías infantiles.


Su sueño maduró y los jóvenes consiguieron equiparar la destreza emanada de los más pequeños, conformando así el proceso juvenil.


Las voces se hicieron más fuertes. Un grupo consolidado los hizo abrirse camino y moldear una imagen definida, esa que ha trascendido la barrera estival porteña y los ha llevado a participar en encuentros nacionales de coros.

La composición armonizada de las voces suena al ritmo de una melodía que eriza, que convierte a Puerto en canción.


El maestro de los pasos firmes. “Hablo mucho”. Así se presenta Reynaldo Tejera, un periodista frustrado que desenfunda el don de la palabra que atesora hablando de su otra pasión: la danza. Un “accidente de colegio”, como le llama, terminó por revelarle que los pasos de baile se le daban bien, combinados con un alma docente que descubrió mientras cumplía sus horas de alfabetización como estudiante.

Enseñar lo atrapó, y aprendió el arte de la pedagogía montando puestas en escena que copiaba de lo que veía en televisión.

El conocimiento empírico en el baile lo adquirió pasando canales, trazando movimientos existentes, puliendo el ojo al tiempo que la pierna. Su primera coreografía resultó un éxito y marcó el inicio de sus pasos.

Generación Activa, su grupo, comenzó a rodar con orden. La disciplina es el legado que enseña en ese proceso de formación artística y cultural que ya llevó a fundación, con el que ha viajado con sus alumnos por toda Colombia ganando premios. Ya es un veterano en el Carnaval de Barranquilla con el son de negro, y los congos de Oro conseguidos lo reafirman.

Setenta integrantes cultivan el don de la danza, ese que Reynaldo posee y que transmite hace 20 años, con el que espera seguir dando saltos de alegría, pasos de satisfacción, nutridos por el secreto de la perseverancia.

Reynaldo Tejera

El artífice de las sonrisas de la calle 10. La amplia sonrisa de Dalfre Cantillo se conjuga como un verbo aún sin pronunciar. Llegó, proveniente de Arroyo de Piedra, al recodo porteño un seis de enero. Se bajó en la calle 10 y los niños colmaron su vista.

Correrías de pequeños de un lado a otro, que colindaban con el oscuro círculo de la droga y sus trampas, justo a un costado de los sueños que apenas se atrevían a asomarse.

Dalfre, maestro en arte dramático, comenzó a mascullar, junto a su compañera Cristina Atehortúa, un proyecto para reivindicar a una niñez con ganas de sonreír sin miedo.

La puesta en escena del mito de Prometeo encadenado fue su primera gran idea materializada, una performance que ha conseguido varios congos de Oro en el Carnaval de Barranquilla.

Dalfre arranca carcajadas a los 105 niños que se apretujan a lo largo de la calle 10 de Puerto Colombia. Con 30 trabaja como grupo base, y a los demás los incluye en talleres de teatro al aire libre, porque la calle es el mejor escenario. Su más reciente obra vuela por los aires. Son acrobacias con telares que acercan a los niños un poco más al cielo, un poco más a sus sueños.

Dalfre Cantillo y los niños de la Calle 10

La albañil de la ‘Ventana Mágica’. Desde la ‘Ventana Mágica’, Isidra De la Vega ha visto crecer culturalmente al municipio que hizo suyo hace 23 años. Las líneas que declama desde los cuatro, de la autoría de Julio Flórez, la inspiraron para hacer de su vida una obra literaria en sí misma.

Solo fue llegar para sembrar, sin titubeos, la semilla de lo que hoy cosecha bajo la forma de encuentros literarios como ‘Flórez junto al mar’ y homenajes a Meira Delmar.

A la poetisa barranquillera la describe como un “ícono del Departamento”, mientras que cuando habla del autor de Mis flores negras se desborda en emoción.

Con su ‘Cuento al parque’, le regala a los niños de Puerto una forma diferente de entretenerse, de descubrir el mundo que va más allá de sus juegos infantiles, y que exploran mientras aprenden a navegar entre líneas.

Isidra, con su nombre que parece sacado de la mitología griega, sabe que el arte está llamado a crear un proceso de transformación importante en la población que se despierta con el Muelle a contraluz. Sus pulsiones se concentran en requerir, con toda la razón, recursos y espacios para que las olas bailen al son de un poema.

Isidra De la Vega

‘El Pollo’ que fantasea con el ‘Mundo Marino’. De pollo, en el oficio, no tiene nada. Más de 35 años trabajando las artes plásticas hacen que se titubee al llamarlo por su apodo con nombre de ave, pero una vez se tiene contacto con la calidez de Alfredo González, se borra el temor.

Empíricamente formado en la escultura, su labor es conocida por todo aquel que se considere porteño de verdad.

Sus manos experimentadas forjaron la simbólica figura que se alza en la Plaza Central del municipio, Mundo Marino, en la que se funden las especies del mar bañadas de color. Su esplendor no ha podido encenderse del todo porque la iluminación nunca se finiquitó, y su calidad de fuente no se ha apreciado por la falta de agua.

El recién reavivado malecón de Puerto también lleva su sello. La banca número 62, bautizada El Mar, es custodiada por un cangrejo y un pelícano que nacieron de sus manos.


El modelado y la talla en madera son algunas de las técnicas que enseña en el barrio Vistamar, donde alzó el taller de arte El Pollo, un espacio ecológico que sirve como pretexto para instruir, gratuitamente, a las nuevas generaciones.

El Pollo



Bonus track: Si van a Puerto, esto los va a recibir:


domingo, 28 de abril de 2013

De nombres y de obras, en el Día del Idioma


Este es un relato sobre nombres. Una alegoría a las coincidencias o a las intenciones nominales que se esconden tras cada uno de los personajes.

La conexión entre ellos no se hace evidente hasta cuando decidimos envolverlos, a todos, en la contingencia de un hombre –y un nombre– de relevancia toda para la literatura nacional e hispanoamericana: Jorge Ricardo Isaacs Ferrer.

Su rostro, familiar para nosotros hace algunos años, desde que se incluyera en la emisión de moneda legal de denominación 50 mil pesos, es más que esa silueta purpúrea que representa poder adquisitivo. Ese rostro, el que se asocia con María, su obra máxima, no es susceptible de ser olvidado.



María, la de la divina dulzura. Aunque juguetee de vez en cuando y haga bromas con gran sentido del humor, el dulce aire de María Inés López es imposible de ocultar. Las líneas de los clásicos literarios que conoce a la perfección las ha traducido casi en su código genético, lo que le ha regalado una sapiencia envuelta en ternura a la justa medida de su labor como educadora.

Se llama María, como la gran obra del escritor caleño, que lo ubicó como el gran referente nacional del romanticismo. “Yo no sé quién le dijo a mi papá que la Virgen María se llamaba María Inés. Ellos estaban convencidos”. He ahí la razón de su nombre.

Miguel Ángel, David y Juan Salvador son los hijos de María Inés. Cada uno tiene un significado especial, que encuentra su raíz en el arte, en esa expansión del alma que la hace ser lo que es.

Ella, la licenciada en humanidades, que también tiene un diplomado en literatura de la Universidad Nacional, en cambio, lleva uno de los nombres más comunes de todos.

En la Sagrada Familia tiene una sagrada familia. Dicta clases en esa institución, liderada por una comunidad religiosa, y enseña a las niñas la importancia de las letras y la comunicación, de reconocer el valor de las obras que hoy nadan como sobras amarillentas en miles de estantes caseros. Hoy recordará, junto a sus alumnas, la novela de uno de los hitos de la literatura hispanoamericana del siglo XIX que se llama como ella.

Romántica, sí, para enamorarse de la poesía de Baudelaire, de Benedetti, de Borges y la narrativa de García Márquez –por supuesto–.

Sabe que el peor error para que alguien se anime a leer es obligarlo.


María, la amante de la lectura como respuestaLo de su María se hace obvio cuando cuenta que Alexandra, su mamá, es devota de la madre de Jesús, y decidió bautizarla así porque tuvo un parto sin complicaciones. Para hacer aún más clara la alusión mariana, su segundo nombre es Auxiliadora.

Pero no fue su mamá la que le inculcó el amor por la lectura. Eso vino orgánicamente, al observar los estantes de libros de su casa, en Santo Tomás.

Desde niña jugó y soñó con enseñar. Con transmitir el conocimiento. Por eso cursa dos carreras en simultáneo, que encierran un solo amor: el idioma. Licenciatura en lenguas extranjeras, segundo semestre, y licenciatura en español y literatura, en cuarto.

Ama la lógica en todo cuanto pueda rodearla, sobre todo si de letras se trata. “Me gusta mucho todo lo que tiene que ver con la gramática” y la concepción lógica de los principios que sustentan una lengua.

Sus preferencias literarias también responden a esas ansias de comprensión, del porqué. “El escarabajo de oro”, de Edgar Allan Poe, es su narración preferida por “el uso del razonamiento deductivo”.

María Auxiliadora Díaz, una tocaya con aspiraciones románticas que lamenta los finales tristes, como el de su inmortal tocaya. El idilio de esta María, de Mauxi, le coquetea a su sueño máximo de concretar un doctorado en lingüística. Los finales trágicos para su historia no son posibles si la siguen escribiendo sus ganas de dejar huella indeleble en las letras, como su homónima más famosa.

Jorge Isaacs, el romántico que habla inglés. Él no es Jorge Ricardo. Es Jorge Eliécer, como Gaitán, pero se apellida Isaacs. Es Jorge Eliécer Isaacs Díaz, el hijo de Pedro Pablo, el nieto de Teodoro, el de Buenavista, Magdalena. Es Jorge Isaacs, el de 52 años que aún conserva en la sala de su casa, en el barrio Las Palmas, un juguete en la pecera. “Eso lo hizo mi papá hace años”, cuenta recostado en el sofá. Seis bailarinas, la mitad pintada en monocromía, las otras de dorado, nadan entre la ruedita artesanal que señala.

Leyó ‘María’ cuando tenía como 10 años. “Estaba en quinto de primaria, me acuerdo”, pero no siguió escarbando en la vida de su ilustre tocayo porque tenía la convicción de que “no nos parecemos mucho”. Se equivoca en algo: ambos son románticos, pero cada quien muy, muy a su estilo.

El Jorge Isaacs barranquillero enamoraba dedicando canciones y recitando poemas. La respuesta a la pregunta de si aún lo hace es un vehemente “¡muchacha!”. “Eso de la inspiración cuando pasa el momento”.

Le preguntan que si ‘toma el pelo’ cuando firma algún documento, como en su más reciente visita al aeropuerto Ernesto Cortissoz, en el Museo de la Aviación. Porque ha vivido entre aviones. Trabajó como mecánico de aviación en Miami, donde vivió 26 años y aprendió el inglés, que le fluye como si fuera su lengua madre.

Para celebrar la acertada decisión de su padre, de bautizarlo Jorge porque su apellido era Isaacs, postergó la decisión. Sus dos hijos, por si acaso, también se llaman Jorge, por lo tanto