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martes, 9 de diciembre de 2014

Artesanía de lujo bajo el sello Tcherassi

Les dejo aquí esta entrevista que hice a esta mujer de admirar, publicada por los diarios ADN y El Tiempo.

La diseñadora barranquillera, la cara más internacional de la moda colombiana, vuelve a apostarle a la manufactura nacional para ampliar su exitosa colección de accesorios y complementos.






Ya se le notaba, pero ahora lo corrobora. Silvia Tcherassi, como los grandes genios de la moda mundial, se rinde ante la exclusividad de una pieza elaborada a mano inigualablemente para llevar a la artesanía a su forma más sublime y así, hacer un trabajo de educación de manera implícita, en el que expone, con piezas de la mejor factura, el valor de un tejido ancestral, de las puntadas de una técnica indígena o de la intervención manual fusionada con materiales vanguardistas y aplicaciones de diseño.

Su nueva obra de arte se lleva del brazo, se llama canasto y tiene su inconfundible sello de perfección fashion. Las lentejuelas, cintas, canutillos y demás encantos que cuelgan del nuevo complemento Tcherassi hablan de una artesanía nacional con identidad, transformada y adaptada por quien sabe de moda para que el mundo la conozca. Para que Colombia entienda el potencial de su manufactura y se ubique en el radar de las grandes costuras latinoamericanas por obra y gracia de su diseñadora más internacional.

Usted le ha apostado a la artesanía de lujo en su concepto de moda. ¿Qué papel juegan las mochilas y ahora los canastos en su propuesta?
Siempre me ha gustado transformar piezas cotidianas, tradicionales, de uso diario, en algo extraordinario. Eso se pudo ver en las mochilas, que transformé por primera vez en prendas de lujo que incluso son coleccionadas y han generado toda una tendencia. Lo mismo pasa con los canastos, que a diferencia de las mochilas, están pensados para las ocasiones más casuales, pero que también están llenos de detalles y mucha pasión.
Piezas de lujo con un impecable trabajo manual

En sus clutches que homenajean a Cartagena y Barranquilla, la intervención era basada en fotografías y cristales Swarovski, que también están presentes en las mochilas. ¿Qué materiales se aprecian ahora en los canastos?
Las texturas siempre han formado parte de mi propuesta de moda. Y en los canastos he utilizado apliques de distintos materiales, además de incorporarles ciertos elementos, como charms, cintas, etcétera,  que le dan a cada uno su identidad.

¿En qué ciudades estará disponible esta colección de canastos? ¿Es limitada?
En todas mis boutiques. Teniendo en cuenta que la creación de texturas es realizada a mano utilizando materiales diversos que forman parte de mis archivos y mis colecciones y a cada uno le doy un “toque final”, podría decirse que son piezas únicas. No hay dos canastos iguales.

¿Seguirán las mochilas y clutches en sus planes luego de esta propuesta con canastos?
Claro que sí. El de las mochilas ha sido un proyecto bellísimo que ha tenido un impacto sorprendente en la promoción y difusión de la artesanía Wayúu y colombiana en general. Me siento comprometida con las comunidades que elaboran las mochilas que sirven de base para la intervención y juntos hemos aprendido y hemos perfeccionado nuestra técnica y nuestro trabajo. Los clutches son más bien conmemorativos, homenajes a Cartagena, a Barranquilla, celebraciones de nuestra cultura y nuestro colorido. Entonces, todos forman un componente importante de nuestra colección de accesorios.

Usted es la única diseñadora que tiene en Barranquilla un outlet permanente. ¿Es una manera de hacer su moda más democrática?
El outlet es una necesidad cuando tienes tu planta de producción, tu propia red de distribución y un manejo de inventarios muy dinámico. Pero en el caso mío, además es un espacio donde puedes encontrar prototipos de prendas que no salieron al mercado, piezas experimentales, es decir, es mucho más que prendas de la anterior colección.  Por tanto, como pueden contar quienes lo han visitado, es una verdadera caja de sorpresas. Está localizado al lado de mi boutique principal como prueba de que es algo especial.

Cartagena, territorio Tcherassi. Barranquilla, ‘coming soon’


Abanicos, el nuevo homenaje de Silvia a Cartagena
A propósito de su faceta como empresaria en el sector hotelero, ¿cuándo estará listo su nuevo hotel boutique en Cartagena y cuál es su oferta diferencial con la Mansión Tcherassi que ya existe?
Esperamos abrir puertas en el 2016. Este nuevo hotel tendrá 42 habitaciones, dos restaurantes,  un lounge-bar y un café. Y será el tercer hotel más grande del Centro Histórico de la ciudad, con un concepto que mezcla naturaleza, arquitectura y moda. Como bien dices, la actual locación en la Calle del Sargento Mayor se pasará a llamar Mansión Tcherassi, donde se atenderán huéspedes VIP con mayores requerimientos de privacidad.

En Barranquilla se han diluido los indicios que la señalaban como una candidata fuerte a ganar la concesión del hotel El Prado. Sin embargo, se está a la expectativa de los proyectos que pueda tener en la ciudad, en el sector de lo que será el Portal de Genovés. ¿Planea alguna construcción en esta zona?
En estos momentos estamos analizando distintas alternativas para un proyecto en Barranquilla que pensamos iniciar en el corto plazo. Cuando tengamos un proyecto con todos sus componentes configurados y su identidad definida, lo anunciaremos oficialmente.


Bonus track: La colección primavera-verano 2015 de Tcherassi es un deleite. Siluetas fluidas y estructuradas se ciñen a la cintura en tonos como el negro, el brazo y la gama de cobrizos. Tules y encajes se deshacen en las piezas, que se valen de cinturones recamados para marcar la cintura, que hacen de la propuesta una oda a la feminidad en tiempos de vanguardia, una sensualidad elegante. Bordados y texturas juegan a ser filigrana sobre cada prenda.





domingo, 9 de noviembre de 2014

El ‘wayúu glam’ se expande a la medida barranquillera

Este artículo es la versión extensa de una mucho más corta que escribí para ADN Barranquilla, publicado el 14/08/2014.

Un par de marcas nuevas y locales se impulsan en el mercado de lujo de las mochilas. Silvia Tcherassi, otra barranquillera, fue la precursora.

Fue Silvia Tcherassi la precursora de la nueva estética wayúu, una en la que los hilos enhebrados por la etnia guajira dejaban su acostumbrada apariencia geométrica en las mochilas para revestirse de cristales Swarovski, lentejuelas, hilos de oro y otro tipo de intervenciones a partir de elementos y texturas difícilmente asociados al lenguaje artesanal de la comunidad indígena.

5.500 cristales Swarovski empezaron con la revolución de la mochila wayúu en manos de Silvia, la diseñadora de modas colombiana más internacional, y esa interpretación glamorosa de una pieza artesanal por excelencia sirvió para darle un vuelco al concepto de lo étnico en la moda, una tendencia que sana el escaso valor que se lo da a lo hecho a mano en el país y que está poniendo de cabeza esa premisa desde el estilo.
Lo de Silvia Tcherassi es de locos. No se sabe cuál mochila es más linda que la otra. La mía es rosada.

Otra barranquilla, Cristina Ruiseco, es una de las exponentes del llamado ‘wayúu glam’ desde una mirada más universal. La base de sus creaciones, el tejido de una hebra que elaboran las indígenas guajiras, termina recubierto de bordados, pedrería, cristales, flecos, monedas y pasamanería fina, convirtiendo el bolso en una pieza artesanal con rasgos de todas partes del mundo, pues los elementos que usa en la decoración son traídos de Grecia, China, India, Turquía, entre otros destinos, mientras que los herrajes son importados desde Italia.

“Quería llevar algo de Colombia a todas partes del mundo, pero quería fuera algo más que una artesanía: quería que fuera chic”, cuenta Ruiseco, una amante de la versatilidad, la geometría y la combinación de tonos que le da la comunidad wayúu a su trabajo. Su marca, Mochilas Miss G Bags, surgió hace ocho meses como “un ensayo para estar junto a mi hija Gabriela y compartir momentos para desarrollar el arte”, que ya había probado en el paisajismo y en el diseño de interiores.

Así han nacido 420 piezas únicas, hechas a mano 100%, que son “una joya en la mano y se mueven al caminar”. Las borlas finas, las asas delgadas y los herrajes que usa son el sello característico de su firma, que ha encontrado en los caftanes un complemento ideal para cualquier escenario y ocasión, haciendo gala de la versatilidad y la comodidad.

Cristina Ruiseco y sus mochilas únicas. De verdad que lo son.
Aunque podrían parecer más costosas y están a la altura para competir con los cientos y miles dólares de una mochila de Tcherassi, Diane von Furstenberg u Óscar de la Renta –quienes también han reinterpretado el bolso-, su precio oscila entre los $250.000 y los $400.000, dependiendo de la cristalería y los apliques que se usen en su elaboración. Se pueden conseguir en la tienda Vanessa Thewlis, en la carrera 52 con calle 76, en Barranquilla, y también en Cartagena, en Mia Concept. Las redes sociales, Facebook e Instagram (@mochilasmissgbags), son su mejor catálogo.

Si bien La Guajira pone la mano de obra primaria en la confección de estos bolsos únicos, Barranquilla se ha encargado de sumar diseñadoras que las reinventen. También está Annie Pérez, con su marca WayuuLifestyle, en el radar de la moda étnica nacional e internacional. Currambera residenciada en Canadá, allá nace su “sueño de llevar a todo el mundo lo bello que tenemos desde una firma vanguardista”.

Estando en el otro hemisferio, Annie, amante de las mochilas desde siempre, fue interrogada por su mamá sobre una posible comercialización de esta prenda en Norteamérica, y en un abrir y cerrar de ojos, sin haber vendido antes en ninguna otra plataforma, terminó haciendo la apertura oficial de su firma en Carassauga, un festival de culturas con pabellones de todos los continentes, incluyendo América Latina, y en el que la barranquillera vendió el 80% de los bolsos que mandó a encargar desde Colombia. “En junio del año pasado decidí abrir Instagram, el cual tiene hoy 25.700 seguidores”, muchos de ellos artistas como Carlos Vives, Paula Andrea Betancourt, Gaby Espino, Carolina Cruz, entre otros, quienes suelen llevar sus creaciones, que se han extendido a clutches.

Una belleza de WayuuLifeStyle
Taches, cristales y mostacillas checas se trasladan a los hilos de las mochilas para personalizar piezas artesanales por pedido de los clientes, “un toque de lujo a una obra de arte”. De La Guajira, una vez hiladas, pasan a Medellín, donde la mamá de Pérez supervisa la ornamentación. “El proceso de decoración de cristal es muy cuidadoso, en detalles y pulimiento de cada pieza”, y es el paso más delicado, que culmina con productos de lujo desde los $120.000 hasta los $450.000.


A recorrer el mundo. 

El modelo 'Begonia', de Santificada Wayuu.

Tanto Miss G Bags como WayuuLifestyle han hecho la exportación como una realidad. La primera está muy fuerte en el mercado de las islas del Caribe y Miami, además de tener comercialización en Francia, Italia y Dubai, “donde encanta lo cargado, lo ostentoso”, según explica Cristina Ruiseco. Caso contrario ocurre en París, donde prefieren las creaciones más sencillas. Annie Pérez, por su parte, ha logrado llevar su sello a Miami, África, Brasil, Ecuador, Venezuela, Reino Unido, Canadá y Dubai. Ambas, barranquilleras y tenaces, en poco menos de un año.

Se abre el mercado. No solo Barranquilla se especializa en la producción de este nuevo lujo, también marcas como Santificada Wayuu, una marca bumanguesa fundada por Viviana Álvarez, quien también ha sabido reinterpretar el legado indígena en piezas de colección que ya han estado en macrorruedas de negocios y ferias de moda nacionales como Plataforma K, Colombiamoda, Cali Exposhow...


Bonus Track: Las pulseras de Silvia Tcherassi, que no necesitan presentación, sino verlas:



domingo, 26 de octubre de 2014

Edgardo Osorio, nuestro niño prodigio de la moda



Este artículo lo escribí para el diario El Heraldo a propósito de la celebración del Bicentenario de Barranquilla, el 7 de abril de 2013. Le pedí a Silvia Tcherassi y a Francesca Miranda que me dieran el nombre de quien consideraban el talento de la moda barranquillera del futuro y no pudieron darme un mejor candidato, que posiblemente esté fuera de concurso. Lo llamé a Nueva York, en medio de su apretada agenda, y es una de las entrevistas más cálidas y chistosas que he hecho en mi vida. ¡Tipazo!

Una piña le recuerda de donde vino. Piña de oro que brilla como el Sol, su leal aliado, y que contrasta  con el agua azul de su Aquazzura. Piña tropical, que sella la anatomía de sus creaciones, su estampa diferencial. Piña que es una apología a Colombia, a las palenqueras de Barranquilla y Cartagena, a frutas llenas de color.

Necesita ese recuerdo cálido para llevar el swing latino a sus creaciones de punta y tacón, para mezclarlo con la sofisticación europea, la estética italiana, la dolce vita de los 60 y subir, a la mujer, a un viaje sin regreso donde la sensualidad conduce. La elegancia viene del Viejo Continente; lo sexy corresponde a este lado del hemisferio.

Edgardo Osorio es tan barranquillero como los jugos que hoy extraña desde cualquier latitud, en invierno o en verano, en Londres o en Milán. Decir que a los 18 años ya trabajaba para Salvatore Ferragamo le dará una idea de su magia para diseñar zapatos, que como piezas de colección, soportan el imaginario de Aquazzura, su marca, la misma que ha sido reseña en varias decenas de revistas internacionales de la talla de Elle, Vogue, Bazaar, Marie Claire, por mencionar algunas, gracias a su magistral propuesta.


Edgardo tiene 27 años... ¡just 27!
“Es una marca colombo-italiana porque está en Italia, pero mis raíces son las mías y son parte de lo que enriquece y lo que hace que mi marca sea lo que es y que mi estilo sea lo que es”. Tiene su gusto claro.

Empezó su carrera en el diseño a los 14 años, luego de una corta estadía en Londres, donde llegó a estudiar gracias al apoyo de su familia. “Cuando regresé tenía algunos trabajos y Francesca Miranda me dio la oportunidad de trabajar con ella. Yo prácticamente salía del colegio a trabajar con ella todos los días, por casi tres años”, explica.

Terminó su bachillerato en el colegio Parrish y viajó a la capital británica, nuevamente. Esta vez a estudiar en la Central Saint Martins, institución que abandonó para enfilarse en el equipo creativo de Ferragamo. Allí llegó por un contacto que había hecho tiempo atrás, en Milán, en un desfile de Francesca. Se mudó a Florencia, abrió su propia empresa de consultoría de moda y trabajó con más de 20 marcas.

Siguió boceteando, haciendo contactos, y Roberto Cavalli para que trabajara a su lado. “Me volví el director de accesorios de zapatos a los 23 años”, me cuenta, al tiempo que me reitera su desmedido gusto por el Sol y los colores, que se convierten en inspiración permanente.

Se ríe mucho. Se le olvidan las preguntas. “Y yo soy hablador, en eso sí soy súper barranquillero, yo sí hablo”. Y se le sale un “ajá” en medio de la conversación. Edgardo ha logrado a los 27 años lo que a muchos les cuesta casi una vida entera. Es un prodigio en el campo, una promisoria figura de la moda barranquillera. Un personaje que se atreve y que piensa que  la moda no debe ser tan intelectualizada.


“Siempre estoy pensando en el próximo zapato, no en el primero”. Él va un paso adelante, de la mano de un cosmos que viene en forma de plataforma, sandalia o tacón.



Aquazzura feat Olivia Palermo

La moda regala alianzas de ensueño, como H&M y Karl Lagerfeld, o Louis Vuitton y Takashi Murakami, Altuzarra para Target, Silvia Tcherassi y Payless...y ahora, Edgardo Osorio se une a esa oleada. Su amiga, su musa, Olivia Palermo, marca el paso de la nueva colección cápsula de su Aquazzura, con todo el allure de la socialité neoyorquina y su sentido agudo de la universalidad de la moda. Son 6 pares de taconazos con el habitual sex-appeal de la marca italiana vistos por los ojos de Olivia, quien usó cuero platinado, cachemira y ante para encerrar el pie en botines de lujo, sensuales 'pumps' e intrincados trenzados.

Desde el mes de septiembre está a la venta esta colección, la otoño-invierno 2014, que solo se consigue en 12 tiendas alrededor del mundo y online de manera exclusiva en la plataforma Net-a-porter.

miércoles, 22 de octubre de 2014

El hasta siempre silencioso de Óscar De la Renta

Escribí este artículo para ADN Barranquilla, el diario donde trabajo. Fue publicado el 22/10/14.

No fue hombre de escándalos, por eso tampoco se pavoneó de su partida y lo que ésta representaba. Recuerdos colombianos que dejó el diseñador latino más grande de todos los tiempos.

En la pasada Semana de la Moda de Nueva York.
Su última aparición pública.

A los genios solo les queda caer de pie, como a Óscar De la Renta. No tienen otra salida; no disponen de demasiado espacio para escoger el brillo. El dominicano, nacido en el seno de una familia acomodada y numerosa, eligió el arte desde siempre. La exploración de la pintura lo llevó a ahondar en las capas más misteriosas del género femenino para darle a la mujer exactamente lo que soñó en las fantasías.

Si todas han querido ser princesas ensoñadoras, dueñas de su propio cuento de hadas, De la Renta fue el mejor escritor de cuentos con tules, sedas, organzas y su inconfundible sello de romanticismo, rubricado en las letras cursivas que siempre fueron el telón de sus pasarelas. En la última que presentó, en septiembre, en Nueva York –no podía ser otro lugar que la ciudad que puso a sus pies-, la exquisitez de sus flores y su destreza con las siluetas hicieron que todas las miradas voltearan hacia él. Ya fuera en la última fila, en el ‘front row’, o a través de un smartphone. Todo el mundo quiere a Óscar De la Renta porque el planeta entero lo conoce.

Descifrar a la mujer hizo de quien fuera discípulo de Cristóbal Balenciaga (Guetaria, España, 1895- Valencia, España, 1972) el epítome del diseño latinoamericano por excelencia, y el responsable de que nuestro continente se ubicara en el radar ‘fashion’ mundial. Puso a la moda a hablar español cuando el francés era la lengua materna y el inglés se apoltronaba como segundo idioma del universo creativo. Se lo debía a Santo Domingo, capital de su República Dominicana, que lo trajo a la vida un 22 de julio de 1932.
Su paso por Elizabeth Arden, Lanvin y Balmain lo prepararon para hablar en primera persona, a su nombre, sobre la pasarela, fundando su sello. Fue cuando el esplendor y drama de sus cortes tocaron techo, cuando se vinieron los icónicos trajes de novia pintados de rosa pastel y azul. Los vestidos nupciales, la cereza del pastel De la Renta, vistieron desde rostros locales hasta los más envidiados del planeta.


 
Colección Bridal 2013. El romanticismo pintado de color.


María Isabel Dávila, reina del Carnaval 2006, se dio el lujo de casarse, hace tres años, con un clásico blanco del dominicano de su colección spring-summer de novias. Hace apenas unas semanas, Amal Alamudin, la heroína de carne y hueso que logró casar a George Clooney, usaba, sin saberlo, el que sería el último traje de matrimonio del “caballero de la moda”, como lo llamó su colega y amiga barranquillera Silvia Tcherassi.

'Marichy' con su traje de novia de Óscar De la Renta, comprado en la boutique de Miami.

A su paso por el Cali Exposhow del 2009, bailó salsa.
Pero Colombia tiene un recuerdo aún más auténtico del modisto. Fue en el 2009, en la capital del Valle, cuando la feria Cali Exposhow lo presentó como su invitado internacional y estelar. La modelo Norma Nivia cautivó al dominicano en el casting, que se sentó en primera fila para ver desfilar su colección Resort 2010, un verdadero privilegio si se tiene en cuenta que pocos creadores de su estatus presentan una propuesta completa para determinada estación en pasarelas especiales, como la de Cali. Por ese entonces bailó salsa y se sintió a gusto. Su sonrisa lo delataba.

Claro, estaba familiarizado con un país que lo conoció en persona en el 2000, cuando inauguró dicha edición de Colombiamoda, y luego volvió después para presentarle a esta parte del mundo lo que era hacer Alta Costura para Balmain. Una sinfonía del color anclada a su alma latina y caribeña, para la que nunca parpadeó.

En septiembre pasado, bajo el cielo neoyorquino que siempre brilló para él, cuando apareció delante de ese mural de flores con las que le encantaba vestir sus desfiles, ya se le vio algo desanimado. La semana pasada, un anuncio ligeramente anticipado debió avisar que algo iba mal: De la Renta dejaba en manos de Peter Copping la dirección creativa de su firma. Este lunes, en Kent, Connecticut, su corazón apasionado por la moda y la elegancia se echó a dormir. 

Es que ya el cáncer, con el que fue diagnosticado en el 2006, había hecho mella. Un paso a un lado y un retiro con la factura de sus mejores galas. Óscar De la Renta no pronunció la palabra ‘despedida’ porque nunca se irá. Para caer de pie es necesario eternizarse. Ya el gran Óscar pasó el examen.



Un caribeño de Alta Costura

Si tal vez algo le quedó pendiente al modisto fue el hecho de entrar con su firma personal a la Cámara de la Alta Costura Parisina. Lo hizo mientras estuvo en Balmain, pero no como Óscar De la Renta, algo que hubiera marcado un hito en la historia del máximo organismo de la Haute Couture mundial, puesto que habría supuesto ser la primera marca netamente latina en sus filas. Al respecto, Silvia Tcherassi, amiga personal del diseñador dominicano, da su opinión.

¿Cree que se les dificulta a los diseñadores latinos entrar en calidad de invitados a la Cámara de la Alta Costura de París con la muerte de De la Renta?
Recordemos que Óscar De la Renta fue director creativo de Pierre Balmain y presentaba sus colecciones en el calendario de la Alta Costura y fueron siempre bien recibidas. La Cámara de la Alta Costura siempre ha sido abierta a no franceses. Y estoy segura de que si Oscar hubiera solicitado su inclusión a título personal, lo hubieran aceptado. El hecho que esta misma Cámara me hubiera invitado a presentar mi colección pret-a-porter  en el calendario de la Semana de la Moda de París es la mejor prueba de que valoran el talento latino.

“Siempre estaré agradecida por haber propuesto mi nombre para Balmain”: Silvia Tcherassi

Al preguntarle a Silvia Tcherassi por el retrato que deja en su mente Óscar De la Renta, se nota su corazón puesto en cada una de las palabras por dibujarlo. “Siempre recordaré de Óscar su sonrisa y su calidez. Era un hombre impecable y exquisito, un caribeño excepcional.  Una persona orgullosa de su cultura latina, y era el embajador no solo de República Dominicana, sino de América Latina. Siempre será una inspiración como persona y profesional. Además, siempre estaré agradecida por haber propuesto mi nombre para ser la directora creativa de la colección ready to wear de Balmain. Me siento honrada de haber sido su amiga y que él también lo sintiera así. Me acuerdo cuando lo entrevistaron en La W y le preguntaron por Colombia y dijo que tenía dos amigos en Colombia: Julio Mario Santodomingo y Silvia Tcherassi.

martes, 26 de marzo de 2013

El imperio de colores de Ágatha Ruiz De la Prada


No suelo subir muchas de las entrevistas que hago aquí, pero este personaje no lo podía obviar. Mundialmente conocida por su propuesta pintada de arcoíris, Ágatha Ruiz De la Prada también habla con colores, y nos regala, aquí, un  poquito de esa 'chispa adecuada'.
La entrevista salió publicada el 23/03/13 en el diario El Heraldo.

Ágatha Ruiz de la Prada se cocina, a fuego lento, muy fácilmente. El primer paso es verter en un recipiente invisible una luna, un par de flores, con aderezo de nubes y una pizca de humor.

Agréguele colores, excepto blanco y negro, y obtenga un arcoíris mágico cuyo final esté en la palma de su mano. Ágatha es única. Marquesa de Castelldosríus y baronesa de Santa Pa; pero eso, quizás, es lo menos importante de su persona. Ágatha es sensibilidad y explosión.

Emoción hecha ropa, calzado, aromas, texturas. Ágatha es un ágata, como la piedra homófona, que brota desde el interior de la tierra como un volcán en erupción; viene en múltiples colores y su sexto sentido vive encerrado en un corazón.

¿Cómo nació ese concepto del diseño, el que usted ha denominado ‘ropa feliz’?
Porque me di cuenta de que por el mismo precio podía ser feliz o desgraciada, y pensé “mejor por el mismo precio, ser feliz”.

¿Y cómo definió su lenguaje en la moda basado en corazones, nubes y flores de colores?
Al principio, cuando yo empecé, en Madrid enseguida me conoció todo el mundo, enseguidísima, pero la gente decía: “esto no se lo puede poner nadie, esto es imposible, esto es poco comercial”, pero luego yo creo que he sido la diseñadora más comercial de la historia de España. No creo que haya una más comercial que yo, pero yo ya no lo pensaba, porque a mí me convencieron de que era imposible, entre todos.

¿Cree que hubo algún factor determinante en su niñez que la hizo gestar esa onda ‘agathiana’ tan propia?
Yo soy la nieta mayor de las dos familias, y soy la mayor de cinco hermanos, y digamos que la más esperada; entonces creo que les hice gracia de pequeña, y como me encontraba muy graciosa, muy divertida, yo seguí así.

¿En principio creyó que la ropa que creaba era solo para exhibir o le vio potencial, desde el comienzo, para lucir?

Siempre he creído muchísimo en mi proyecto, aunque hubiera mucha oposición. Siempre creí un montón. Hay cosas increíbles, como por ejemplo, este viaje a Medellín, cómo me trata la gente, cómo me regalan cosas, cómo me miman, cómo me conocen, es un milagro. Pero la verdad es que yo siempre creí que esto es lo que había que hacer y siempre he sido fiel a eso.

¿Sintió miedo al "qué dirán" al empezar a lucir sus coloridas prendas?
A mí me parecían tan bonitas, aunque no le gustaran a nadie. Siempre me encantaron. En cambio yo iba a los desfiles de la demás gente y decía: “pues vean esta mierda negra”, claro que era un poco un mundo al revés. Yo intentaba entender por qué querían ser tan clásicas y tan oscurillas. Yo no lo entendía.

¿Cuál fue el impacto al ver, por primera vez, sus prendas exhibidas, rompiendo los parámetros comerciales?
La verdad yo también era muy feliz cuando no vendía nada. Yo soy una diseñadora muy buena para la crisis, porque la crisis es tener memoria. España, durante varios siglos, fue un país muy pobre, y yo recuerdo perfectamente cuando éramos pobres, por lo tanto cuando hemos sido ricos, hará unos 15, 20 años, ha sido una cosa rarísima. Todo el mundo agarra para Londres, para París, y todo el mundo pa’ aquí, y pa’ allá, y comprando. Yo decía “¡pero aquí antes no vendía nadie!”, y éramos pobres y éramos bastante felices.


¿Tiene diferentes patrones para diseñar, por ejemplo, una colección meramente para vender y otra para subir a pasarela?
Yo he diseñado muchas colecciones comerciales. Ya había hecho como 20, o más, y me aburrí. Luego de aburrirme, de hacerlas comerciales, ya estaba haciendo tan poquito, que entonces, aproveché que era una buena época para hacer colecciones no comerciales.

¿Cómo fue el crecimiento de ese imperio que ha creado a punta de flores y corazones?
La verdad que ha sido todo por casualidad y porque las cosas salen como salen. Nadie en su sano juicio hubiera pensado esto con un papel y un lápiz.

¿Qué tanto influyó su condición aristocrática en su ascenso en el mundo de la moda?
Yo creo que eso lo único bueno que tiene es que te da un poco de seguridad social. Hay un libro muy divertido, un libro de Alain de Botton, que es un filósofo, que se llama Status Anxiety, que es un poco de ansiedad por el estatus. Gracias a Dios, entre sus muchos efectos, ese no lo tengo. No me hace efecto la gente. Eso lo tenía mi madre también, que no le hacía efecto casi nada.

¿Cómo llegaron los vestidos de novia a su propuesta?
Siempre he hecho los trajes de novia de mis amigas. Si una amiga mía se casa y no me encarga el traje de novia, y yo teniendo la cosa, netamente deja de ser amiga mía, porque lo primero que tiene que hacer un amigo tuyo es demostrarte su amistad. Yo para eso soy rencorosilla, la verdad. Entonces, desde el principio he hecho trajes de novia. Ahora quiero hacer un libro de todos mis trajes de novia, porque hasta en Colombia he hecho.

¿Cuándo piensa lanzarlo?
El libro lo teníamos adelantado y se paró, porque para hacer libros tienes que pedirle permiso a todo el mundo para la foto, la novia, dónde vive... y hemos parado, pero espero en Dios que se me reactive pronto porque es un proyecto muy bonito.

¿En qué falla la moda actualmente?
En esta época estamos en un momento fantástico en la moda mundial, porque nunca había habido tanto número de personas bien vestidas, con acceso a las tendencias, con acceso a la moda, como ahora. La moda, a nivel planetario, se ha vuelto súper democrática. El nivel de la gente ha subido una barbaridad y eso es positivo.

¿Cuándo podremos ver una tienda suya en Colombia?
Me tratáis tan bien en Colombia, soy tan feliz, esto es como un sueño, que imagínate que abra una tienda y no vaya bien, sería un fracaso horrible. Prefiero no llevarme ese disgusto, estoy con solo lo bueno, que es tan bueno que ya es demasiado, escandalosamente bueno, pero no me quiero poner yo misma la trampa para que se me convierta un problema Colombia, sino todo lo contrario. Colombia es un lujo de nación para mí.

Lo único que me da mucha rabia es que no conozco Barranquilla, pero voy a ir, porque tengo a Nubia Stella Martínez, que es mi representante en América Latina, que me habla mucho de ella y tengo muchísimas ganas de ir a conocer. Además tengo que ir al Carnaval.

En Barranquilla se reconoce muy bien su marca, incluso, los hombres la identifican...
Los hombres son mejores clientes que las mujeres. Son más miedosos, son más inseguros, son más fieles. Yo lo poquito de hombre que he hecho ha sido una cosa con una recepción increíble. No es una cosa a la que le dedique toda la atención que debería, pero hacer ropa para hombres es lo máximo.

¿Y cuándo complacerá a los hombres?
Cuando un par de fabricantes colombianos me ayuden a hacer eso.

miércoles, 13 de marzo de 2013

El hijo de Buenaventura que viste a las celebridades de Nueva York


Tiene cara de buen bailarín. Quizás es por el rezago latino de la estirpe valluna de la cual proviene. Su tez negra, otro indicador de que su origen es el Pacífico. Pero en Nueva York, mimetizado entre la población afro, es difícil rastrear el umbral negro bonaverense de Edwing D’Angelo Ortiz. La adivinanza se hace aún más complicada por su apellido italiano.

La ‘Buenaventura’ del municipio donde nació lo hizo emigrar, con su familia, a la Capital del Mundo, cuando se estrenaba como adolescente, a los 13 años. Del puerto donde disfrutó su infancia recuerda, con un amor que le irisa los ojos, cuando una de sus tías lo llevaba a escuchar, junto a ella, talleres sobre confección. “Tenía unas tías modistas y ese mundo me encantaba”.

En un convento se enseñaba a las mujeres a coser, y no es que los hombres pudieran ingresar, pues eran exclusivos para las mujeres. Es que su pariente lo cuidaba en ausencia de sus padres, y por ser un niño, no podía quedarse solo. La solución era llevarlo en condición de pequeño acompañante al claustro.

Ahí aprendió el oficio. “Era una transformación lo que yo sentía cuando entraba a ese taller”. Los ojos le vuelven a brillar.

Adelante con la moda, de Gloria Valencia de Castaño, también fue su influjo. La gente le pregunta que cómo se acuerda de eso, si él era “un bebé”. Doña Gloria “mostraba la moda de Europa, de Giorgio Armani, y eso era un mundo que me transportaba”. El resplandor de sus ojos no desaparece. “La estética colombiana tiene mucho que ver con la moda, las reinas, y al final me quedé con ese cariño”.
Se fue con toda esa información a Estados Unidos y no sabía cómo catalizarla. La abogacía tenía que ser su camino, pues así lo decidieron sus padres una vez terminó el bachillerato. Acabó de cursar el high school en Nueva York y su mamá le confesó su deseo. “Ya que lo traje de por allá, venga, gástese un poquito de cerebro y métase a abogado”, manifestó, y “me metieron en ese rollo”. Se puso a trabajar, entonces, con el mismo abogado que les hizo los trámites de legalización.

Entró a la universidad y, clandestinamente, mientras sus padres lo hacían estudiando a Aristóteles y las leyes, su corazón palpitaba a prisa cuando escuchaba las cátedras sobre moda, arte, y cursos cortos que podía tomar. “Empecé a conocer gente en el mundo de la moda y a construir ropita, a hacer cosas; a las sesiones de fotos llevaba las piezas que había hecho y terminaban fotografiándolas”.

Su primer gran pedido llegó sin proponérselo. Era la fiesta de graduación de su hermanita, a quien le diseñó el vestido, que causó sensación entre sus compañeras de curso. El resultado del enamoramiento: terminó haciendo 32 trajes.

¿Y tus papás qué te decían de eso? “No, eso era a escondidas”. Es turno de reírse de nuevo. “Me daba un poco de miedo porque lo veían como algo muy femenino y ellos tenían su mentalidad latina de que los hombres no se meten en eso”.

Pero en Estados Unidos las cosas son diferentes, y su brillantez en el campo del diseño no podía ser fácilmente escondida. Se fue de la casa a hacer su propia vida convencido de que no podía hacer de tripas corazón con lo de las leyes. Decidió, de una vez por todas, que el diseño de modas era lo que le gustaba, lo que lo llenaba, y se metió de lleno en el campo.

“Pero como no tenía experiencia en la moda, nadie me contrataba en el campo”. El siguiente paso era ahorrar, y lo hizo. Economizó por dos años sus caprichos y gustos y consiguió el dinero que necesitaba parar abrir su propio taller.

En la localidad de Harlem, en Manhattan, alzó su boutique, que hoy es referente de moda para la alta sociedad neoyorquina afrodescendiente. Sus clientes son celebridades, damas de alcurnia, gente de alto rango. Esbozando, cosiendo y enhebrando ha vestido a personalidades como Tyra Banks, Vivica Fox, Dawn Richards, Jill Scott, Lil’ Kim, Hill Harper, entre otros.
En las dos primeras fotos, la súper modelo Tyra Banks, vestida de Edwing D'Angello. En la última foto, el diseñador al lado de Vivica Fox.
“En el área donde yo estoy está concentrada la comunidad negra de dinero, que tienen fundaciones, casas gigantes, y por medio de esa gente fui conociendo a otras, me fueron presentando, me fui acercando a los asesores de moda de las celebridades negras que viven en ese sector, y se fue creando así la atmósfera en la que creo diseños para artistas”.

A Plataforma K (la feria de moda más importante del Caribe colombiano) llegó invitado por Proexport, en la misión de compradores internacionales, a observar el panorama de diseño y moda local. “Lo que estoy haciendo en Colombia es cambiando el proceso, porque hay gente que le gusta la moda pero no la pueden comprar porque es cara, entonces lo que estoy haciendo en este viaje es idear una línea más prêt-à-porter, más ready to wear, para llegar a las marcas que no pueden pagar una camisa de 200 dólares”.

Del diseño nacional, Edwing D’Angelo es la nueva cara para mostrar, aunque su nombre aún suene algo extranjero en su tierra. La risa y la piel, la mejor cédula para demostrar su espíritu colombiano.

“Eso fue la guerra de Troya cuando dejé la escuela de leyes, pero ahora soy la estrella de la familia”. Se salió con la suya. Y se ríe.