martes, 23 de octubre de 2012

Gaultier, una pasarela de otro mundo

La semana pasada estuve cubriendo, como enviada especial, la feria de salud, belleza y moda más importante de Colombia: el Cali Exposhow. Aunque no tuve mucho tiempo de recorrer la ciudad y de ver algo extraordinariamente excepcional, mis ojos fueron testigos de un espectáculo de arte y moda que corrió por cuenta de uno de los mejores diseñadores de nuestro tiempo: Jean Paul Gaultier.

Aunque he escrito de moda, no suelo compartir esto en este blog, sin embargo, ante el hecho sin precedentes de una pasarela de Gaultier en Latinoamérica y al impacto que causó en mí, he decidido hacer una excepción. Con ustedes, uno de los momentos indelebles de mi vida:






Largo, intenso y majestuoso fue el desfile del diseñador francés Jean Paul Gaultier, el invitado internacional a la pasarela del Cali Exposhow 2012. Un show de otro mundo, para no perderse, para repetir, que los asistentes disfrutaron prenda tras prenda, sorpresa tras sorpresa.

Una pasarela variada y esquemática, con quiebres visiblemente notorios que dejaron apreciar lo mejor de los elementos característicos de la moda de Gaultier, se convirtió en una línea de tiempo por donde desfilaron mademoiselles de la nobleza francesa de la época clásica, marineros con el corte trasgresor de géneros, corsés seductores y sugestivas transparencias.




Que Gaultier cree en la tradición y lo propio de cada país, eso se pudo comprobar. Que lleva a Francia en su corazón y en su estilo fue la consigna de su debut en las pasarelas latinoamericanas. Con una cosmopolita París de fondo, también presente en lo dramático de la música que acompañó la presentación, lo dejó claro.


En el arranque del desfile, el clásico binomio blanco-negro reinó. La moda francesa de los años 30 y el particular style de la desaparecida cantante Amy Winehouse se fusionaron para dar muestra de elegancia, distinción y provocación. Las modelos con pelucas y peinados vaporosos y los ojos silueteados con una gruesa línea negra rindieron homenaje a la artista británica. Luego apareció sutilmente el turquí en trajes enteros y dio paso a la extravagancia, que llegó en forma de color block y en un dramatismo exquisito, propio del diseñador.

Piezas cuidadosamente elaboradas, con un trabajo artesanal propio de una obra de arte, se robaron las miradas de un público extasiado con la propuesta del francés. Enterizos y vestidos cuya arquitectura venía marcada por corsés que recordaron los atuendos de Madonna primaron en esta parte de la pasarela. El tejido trenzado, que antes ya ha estado presente en la alta costura de Gaultier, volvió a aparecer.


El dandismo también se hizo sentir, en especial, en la propuesta masculina. Sombreros de copa, sofisticados sacos y pantalones clásicos con el sello personal Gaultier compartieron protagonismo con el ya icónico corte marinero.

Jean Paul Gaultier siempre sonríe. Volvió a hacerlo al final de su diversa colección, cuando, al ritmo de Rehab, el himno de la inmortal Amy, salió con una falda asimétrica, mostrando pierna y haciendo alarde de su popular mote que lo define como el ‘niño rebelde de la moda’. Su pasión, además de diseñar, parece que es ser feliz.






Bonus track: Les repito mi diseño favorito. Dramático, con encaje y muy rosado.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Princesas de colección

Un par de princesas cumplieron aniversarios de fallecidas este mes. Ambas rubias, hermosas. Ambas murieron en un accidente automovilístico. Ambas dueñas de una historia mítica. Ambas eternas e indelebles.

Llena eres de 'Gracia'. 

De todas las mujeres que he visto, no conozco una más linda que Grace Kelly. Su belleza, su encanto y finura que no puede disimular, son el rasgo que atrapó mi atención cuando, en alguna revista del corazón, sus ojos marinos me miraron como si quiera conquistarme. Lo logró.

Era tan bonita, ¡lo juro! que dije ¡waaao, es hermosa! y aunque me cautivó, nunca quise ni he querido ser como ella. 

Y es que soy una seguidora de las historias de la realeza y de sus truculentas historias a esconder, sus bodas de ensueño y sus raras pero atractivas -al menos para mí- leyes y protocolos reales.

Miraba sus fotos, las miraba y las volvía a mirar. Aquel acto de contemplación me hizo entenderla como una diosa mítica, fijada en el mundo humano, con un aura encantadora. De esas que solo pueden crear o destruir. Creo que Grace hizo lo primero.

La princesa Gracia, esculpida en el seno de una generación inolvidable de Hollywood, parecía un personaje de ficción traído a la realidad. Sus bucles pintados de oro, su sonrisa de fresa -rosadamente preciosa- y su piel inmaculada como un lienzo virgen fueron el laberinto en el que más de uno quiso perderse. Fue Rainiero III quien logró atraparla.
Como en un cuento de hadas, de esos que solo una mujer como Grace podía protagonizar, el príncipe la llevó al altar y la convirtió en princesa.

Rainiero de Mónaco tenía 33 años y ella 28 cuando el 19 de abril de 1956 protagonizaban la que fue considerada la boda del siglo en la catedral de San Nicolás. Grace le devolvió al principado el halo de luz que había perdido y ella les dio a Alberto, Carolina y Estefanía. 
EL brillo de las playas y los casinos monegascos tenía nombre propio: Grace Kelly. 

Ganadora de un Óscar, la actriz favorita de Alfred Hitchcock creó el baile anual de la Cruz Roja, cita ineludible para las clases altas europeas que se sumó al tradicional Baile de la Rosa, que había sido creado en 1954 pero también recibió una inyección de glamour desde que ella formaba parte de la familia Grimaldi.

Murió en un accidente automovilístico al lado de Estefanía, su hija menor, en la misma carretera que la había hecho inmortal en el cine en "To catch a thief" . Así se fue la que hoy sigue siendo símbolo vigente de la elegancia y glamour, del matriarcado del mediático clan Grimaldi. Hace treinta años sigue estando sin estar.










¿Van a negar que era hermosa? 

Diana, la 'reina' de corazones



 Antes de morir ya era eterna, un mito en sí misma. Su belleza, su clase, su donaire, la dulzura de su rostro –aunque, luego de años de matrimonio, escondió su sonrisa a causa de la bulimia, la depresión, los paparazzis y la presión de la monarquía británica– siguen vivos.

En el Túnel del Alma dejó la suya, hace 15 años, la mujer más carismática perteneciente a una monarquía que hasta hoy recuerde el mundo. Diana Frances Spencer, conocida después de casarse con el príncipe Carlos de Inglaterra como Lady Di, murió a la sombra de un accidente automovilístico al norte del río Sena en París, mientras viajaba en compañía de su entonces compañero sentimental, Dodi Al Fayed.

La indeleble ‘reina de corazones’, quien posee el récord Guinness como la mujer que más portadas de revistas y periódicos ha protagonizado en la historia, fue la responsable de que, justo en la fecha de su muerte, la realeza inglesa se topara de frente con unos de los picos de popularidad más bajos en toda su historia, pues, el pueblo inglés entendió la llegada de Diana a la Casa Real, con su carisma y candor, como una renovación a la desgastada y cada vez más cuestionada figura acartonada de la monarquía.

Tanto afecto despertaba Diana que, así las leyes reales lo impidieran, debieron darle un funeral de Estado, pues las muestras de cariño y dolor no solo de los ingleses, sino del planeta entero, hicieron que el Palacio de Buckingham la despidiera en “un entierro único para una persona única”, como lo calificó en aquel momento un portavoz de la Familia Real. 

Con un matrimonio considerado forzado por muchos, Lady Di se convirtió en Su Alteza Real el 29 de julio de 1981, y dejó de serlo en 1996, cuando se divorció finalmente. Desde el 92 se había separado de Carlos, a quien siempre le criticó que dejara entrometer a terceros en su relación, una clara alusión a quien hoy es la esposa del príncipe, Camila Parker.

Sin el peso de pertenecer a la Casa de Windsor, una de las más antiguas, conservadoras y tradicionales del mundo, encontró la libertad en las obras sociales que nunca dejó de realizar, pero sobre todo, en los brazos de Dodi Al Fayed, quien la hizo volver a sonreír.

Diana sigue estando en el alma del pueblo británico, en la vida de sus hijos Guillermo y Harry, y en innumerables noticias que hoy la siguen retratando como la protagonista de un cambio en la historia de la monarquía británica. Su imagen es mito y leyenda, y ya se aseguró un cupo a la eternidad. Lady Di será  princesa por siempre.







sábado, 15 de septiembre de 2012

Dulces a la barra, para Amor y Amistad



Este lindo corazón, al igual que las demás fotos, son de mi buen amigo Jairo Rendón.

El procedimiento no es entendible del todo hasta que, con los propios ojos se aprecia, como por arte de magia, cómo una masa gigante, con forma de perro caliente –porque la figura a hacer es un corazón- termina convertida en casi 8 mil piecitas de dulce.

Todo comienza en la cocina de Swikar, un lugar encantador, ubicado en la carrera 44 con calle 75B. Allí, dos ollas borbotean agua hirviente a la que se le ha adicionado, previamente, azúcar. El punto de ebullición avisa que es hora de agregar la glucosa, el ingrediente que falta para obtener el caramelo líquido que, luego de casi 40 minutos, estará listo para empezar la otra etapa de la preparación.
La mezcla anterior va a parar a una mesa térmica que está a la vista de todos en el almacén. Está allí para echarle color, y a medida que se añaden los colorantes artificiales, la mixtura comienza a formar grandes burbujas sobre su superficie. Los tonos se agregan con cuidado para que no se mezclen. Luego, con la espátula, se revuelven para que queden bien tinturadas.





Cuando el frío cristaliza la composición y le da apariencia de gelatina, Adrián Consuegra y Hofpman Contreras, los preparadores, cortan con una tijera cada tableta de caramelo teñida.



Ahora es una mesa fría la que recibe las tablas de colores. Con manos incansables se amasa una y otra vez durante varios minutos.

Luego, una especie de palanca metálica espera la mezcla para neutralizar el tono. Vueltas y más vueltas le dan el matiz exacto de color que debe tomar. Este procedimiento solo se realiza con los colores que bordearán la figura. Al relleno no se le hace streaching, como se denomina este paso.



Una vez listas las masas, se les rocía agua para que se adhieran unas con otras. Se juntan y se les da la forma deseada, cortando y pegando grandes retazos de masa. Con la figura final montada, comienza una acción que parece increíble: Hofpman comienza a estirar ese gran rollo multicolor de unos 30 centímetros de diámetro, hasta dejarlo de un centímetro solamente. Es como si ese gran perro caliente del principio se hubiera convertido en un montón de spaguettis de colores.






En el centro de esas barras coloridas se aprecian figuras de frutas, logos y hasta nombres, por lo que cada quien puede tener su propia producción de dulces personalizada. Luego esas barras se cortan con un cuchillo filoso. Así, una masa gigante de 8 kilos acaba convertida en, aproximadamente, 8 mil dulcecitos.

El proceso es totalmente hecho a mano, artesanal. No hay máquinas, además de la estufa donde se hierve la mezcla inicial. Las manos de Adrián y Hofpman son las que endulzan el paladar de los clientes que llegan porque son testigos del Candy Show que se realiza cada tarde en el local, donde se agolpan en el vidrio que les permite ver cómo se hacen los dulces, paso a paso.

Que la fábrica de Willy Wonka es un sueño hecho realidad, eso lo saben quienes aman dejarse tentar por el indescriptible sabor del azúcar. Que Barranquilla ya tiene una innovadora fábrica de caramelos, eso lo puede comprobar todo el que quiera sentarse en la barra de Swikar, para esperar un coctel dulce que, de no ser bien dosificado, podría desembocar en un empalague inolvidable, que corre por cuenta de un montón de trocitos de azúcar, hechos como una obra de arte.



Con esta dulce entrada les deseo a todos un ¡Feliz día del amor y la amistad!, que en Colombia se celebra hoy. Un abrazo indeleble. 

jueves, 16 de agosto de 2012

San Roque, fiesta y olvido


Este artículo fue publicado en el diario El Heraldo el 16/08/12
Todas las fotos, geniales y hermosas, son de Jesús Rico.
El patrono popular de Barranquilla vive en la calle 30 con carrera 36, en un palacio de estilo gótico nórdico, que data del año 1881. Para ese entonces, la imponente obra arquitectónica fue construida con una línea más republicana, pero pedazo a pedazo se fue viniendo abajo el cemento forjado y un arquitecto proyectó la estructura como hoy está.

San Roque lleva 131 años de erigida en la antigua calle Las Vacas, y los altos picos que coronan la iglesia se alcanzan a divisar desde varios puntos del mapa de la geografía barranquillera. El santo francés, nacido en Montpellier, se quedó para siempre en el corazón de los habitantes de la capital del Atlántico luego de que curara la epidemia que se desató cerca de 1849 y que tocó a una considerable parte de la población de la próspera metrópoli caribeña.

Pero San Roque buscó otro refugio además del corazón agradecido de los barranquilleros. Su devoción logró edificar la fortaleza que es casi vecina de la iglesia de San Nicolás, otra de las joyas arquitectónicas emblema de la ciudad. Entonces empezó a ‘competirle’ al santo italiano la ‘afición’. San Nicolás de Tolentino ya era el patrono oficial de Barranquilla, pero San Roque llegó a ganarse el mote de patrono ‘popular’. Y aún lo conserva.

Las parroquias, ubicadas en el naciente epicentro de la ciudad, nunca enfrentaron una lucha por los feligreses. Al contrario, estos se repartieron entre las dos y se evidenció la necesidad de centros religiosos de gran capacidad, que pudieran albergar a la comunidad. El Centro despuntó con el par de estructurales monumentales y la “Barranquilla prócera e inmortal” comenzó a hacerse tangible.


‘Epidemia’, una vez más 

En fotografías de la época y en la memoria de los curramberos de antaño quedó la imagen colosal de la iglesia de San Roque. La realidad de la parroquia es hoy diferente: parece que una nueva epidemia se hubiera propagado entre los feligreses del sector, que cada vez acuden menos a su imponente capilla.

El párroco Víctor Julio Peralta, quien desde hace casi cinco años está al frente de la iglesia, le adjudica este triste fenómeno al ambiente que rodea el templo: una zona roja atestada de drogadicción, delincuencia, prostitución, inseguridad y desempleo.

La situación social de los ciudadanos que viven en el sector dificulta la afluencia de una rotación fija en el templo. “En la semana la participación de feligreses es escasa por la inseguridad que se vive en el sector”, asegura el párroco. Hay dos eucaristías diarias en San Roque y la reunión de feligreses acaso alcanza a superar las 30 personas en cada una.

Las visitas que no faltan son las de estudiantes colegiales y universitarios, que asisten para apreciar la arquitectura de la iglesia y conocer más de la Barranquilla de años pasados.

Esperanza en el patrono

A San Roque, que con su traje de peregrino y capa, fue capaz de sanar a cientos de personas de aquella peste brutal que amenazó a la población barranquillera, es a quien se le encomienda hoy la situación de su parroquia en Barranquilla, que no se limita en tocar a la feligresía.

El púlpito de mármol es una de las
estructuras que aún sobrevive dentro de la iglesia.
 
Las paredes de la iglesia, que además es monumento nacional, también sufren el paso del tiempo. “Las torres sufren deterioro por el movimiento constante del peso de la calle 30. La edificación es monumento nacional desde 1996 pero no hemos recibido mayor apoyo al respecto porque hay una serie de trámites que hacen difícil acceder a los auxilios correspondientes”, señala el padre Peralta.

Las cuatro capillas, el altar mayor, el viacrucis colgado en sus paredes, imágenes de santos y ángeles, el púlpito clásico de la primera construcción, los acabados de cada pieza... todo converge en un paraíso arquitectónico que hoy, en medio de la festividad del patrono que celebra, late con fuerza e sobre una arteria vial importante, para pedir que su corazón no deje de latir. San Roque, el santo de los heridos, habrá de sanar las heridas que al tiempo se la ha dado por abrir.

Una vista única se aprecia desde el campanario de la iglesia 


Los enormes vitrales que adornan las paredes son otras
de las joyas artísticas de la iglesia. A contraluz, destaca su belleza.
A simple vista su brillo es casi opaco.

Una rosa perfecta remata lo más alto de la cúpula

Esta placa está ubicada en el ala que comunica con
el campanario de la iglesia. Está dedicada a
Dante Alighieri y nadie sabe quién la puso ahí. Data de 1921.

Recostado en la pared de la segunda planta de la edificación,
desde donde se aprecia por completo la iglesia, reposa un órgano
abandonado que da fe de los mejores años de la parroquia
y el clasicismo que siempre ha rodeado la edificación.

Al subir 80 peldaños de una escalera con
 forma de caracol se llega al campanario
de la iglesia de San Roque. Cuatro campanas
gigantes bañadas en polvo esperan que
la base que las sostiene sea restaurada,
pues con los años han empezado a ceder
.