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lunes, 6 de agosto de 2012

¡Viejo Joe, hay un ‘fantasma’ que no te olvida!

Este artículo fue publicado en el diario EL HERALDO el 22/07/12
Un poco tarde, pero lo subí :)

Las fotos son de José Torres


Siendo un pelao del barrio San Roque, de preocupaciones pocas que lo hicieron pasar por uno y otro colegio hasta aterrizar en Nuestra Señora de la Esperanza, Edwin de Jesús Gómez Tangarife soñaba con estar en una tarima al lado de su máximo ídolo musical: Álvaro José ‘Joe’ Arroyo.

“Siempre fui seguidor suyo. Él tenía la capacidad y la facultad de interpretar todo tipo de género musical. Era un genio: arreglista, productor, compositor y cantaba el ritmo que quisiera. No he conocido un ser más grande musicalmente que Joe Arroyo”.

Así lo recuerda hoy ese mismo Edwin, mejor conocido como El Fantasma, ya maduro, realizado, y con la satisfacción plena de un sueño concretado: fue, por casi seis años, uno de los miembros de la orquesta del Centurión de la Noche. Compartió con él escenarios, alegrías y anécdotas. Estampas de momentos que colecciona su memoria y que lo hacen añorar los días llenos de música al lado de quien fue, ante todo, su gran amigo.

Se conocieron luego de una serie de acontecimientos que vinieron luego de que Edwin participara en el Festival de la Canción Francesa en el año 1987. En los ensayos de dicho concurso, Joseph Bolaños, bajista, lo llamó y lo contrató para que cantara en el grupo Coco.

“Y da la casualidad de que Joseph le hacía las camisetas a Joe y a sus músicos, y ahí fue cuando vi por primera vez a Joe Arroyo y le estreché la mano. Para mí fue algo mágico. Lo más mágico y maravilloso. Y él me dice: “Pelao, echa pa’lante”. Me dio como un ánimo... yo cuando veo a Joe Arroyo ¡Padre Santo!”.

Luego de trabajar con Joseph, lo llamó Joseíto Martínez y a su lado duró un año cantando. Este último siempre alternaba con Joe en sus presentaciones, así que rápidamente llegó El Fantasma a compartir con Joe y toda su orquesta.


Dice que Dios le puso en sus manos el arreglo de un tema de la banda TNT llamado Sabré olvidar. El mismo que el cartagenero de nacimiento y barranquillero por adopción logró inmortalizar. “Dios me mandó el arreglo y se me vino a la cabeza ¡ñércoles, este tema es pa’ Joe Arroyo!”. Rayner Fernández, un amigo músico y cantante, lo ayudó con la maqueta del tema y le pidió que le dejara interpretarlo, pero él, rotundo y convencido le dijo: “No, esto es pa’ Joe Arroyo”.


Tres meses más tarde, el propio Álvaro José tocaba la puerta de su casa preguntando por ese tema que había arreglado para él. “Fanta, ¡pero es que me tienes pillao!”, exclamó sorprendido el Centurión. “No Álvaro, lo que pasa es que yo soy admirador tuyo”, le respondió Edwin. A partir de ese momento, empezó el ‘coqueteo’ directo de Joe: “Fanta, te quiero en mi orquesta”.


La tercera es la vencida 

La propuesta de Joe, su ídolo y maestro, fue rechazada por El Fantasma, pues para ese momento trabajaba en un programa de Telecaribe llamado De todo un poco y ese compromiso lo ocupaba por completo.

Luego, en la muerte de Libardo Ching, el saxofonista de Joe, este volvió a decirle: “Fanta, te necesito en la banda”, a lo que Edwin respondió: “Álvaro, lo que pasa es que tú tienes un tremendo supermercado y yo tengo una tiendecita al frente y estoy vendiendo jugo de corozo, jugo de mango y todo se vende. Lo que le di a entender es que yo también tenía mi negocito y me estaba yendo bien”.

La tercera invitación de parte del cartagenero vino casi dos años después, cuando Víctor ‘Guachi’ Meléndez salió de su orquesta. “Joe me llamó tres veces para la orquesta pero yo no podía. En el 2005, cuando salió el ‘Guachi’ le dije que sí, por fin, pero también le dije que me avisara con tiempo para no hacerme compromisos con mi negocio particular”.

Desde aquel “sí”, prácticamente incondicional, hasta su última presentación, El Fantasma fue la sombra de Joe. Y no por los falsos rumores de que él cantaba escondido tapando cualquier desgaste de la voz de Arroyo. Lo fue porque su amistad verdadera los llevó a compartir grandes momentos dentro y fuera de escenarios musicales.

Anécdotas mil

“Joe me decía: dile a tu mujer que se haga el blower y vamos a comer”, cuenta entre risas Edwin, quien lleva impregnado en la piel, literalmente, su sentir musical. Un pentagrama tatuado en su brazo izquierdo se balancea de un lado a otro mientras, con sus manos, enfatiza las historias que sabe de memoria de aquel amigo que ya no está.

“Era comedor de dulce como él solo. Le gustaba el dulce más que todo. Los chocolates, las bolitas, los postres. Parecía un niño y si te pedía un dulce y no se lo dabas hacía gestos de pelaito rabioso. Jacqueline a toda hora lo regañaba, nosotros lo cuidábamos. Comía dulces a escondidas”, apunta Edwin.

“Mamador de gallo, le sacaba apunte a todo. Solo se molestaba de verdad cuando uno le decía que descansara, que no tocara y respondía: No me toques ese vals porque me mata. Si algo quiero yo es morirme sobre una tarima”.

Y esa es de las cosas que más le duelen a este ‘fantasma’ de carne y hueso, que lloró como pocos la pérdida de Joe. “A mí en la clínica me permitían entrar para cantarle y una vez casi abrió los ojos, lo abrazaba cantando”. “Yo siempre creí que Joe se iba a parar. ¿Tú sabes qué fue lo que más me revolvió mis sentimientos? que Joe Arroyo se fue cuando no esperaba irse. Me decía “Fanta, me van a operar la barriga, me voy a poner bacano, vamos pa’ adelante, viene la novela…” La novela lo tenía inyectado. Y cuando ya era todo, se fue. Yo no me lo esperaba. Yo no sé qué pasó”.

El día del funeral “fue como si me hubieran arrancado el alma”, confiesa Edwin, y de eso dan fe las fotos de aquel día en el que Barranquilla se volcó a despedir a su ídolo. Escuchar El Ausente aún lo hace lagrimear, porque sabe que ya no está ni volverá a ver al gran Joe Arroyo, “el hombre del corazón de oro…”.

‘Ya se nos fue’

Edwin Gómez le compuso una canción a su amigo Joe Arroyo, porque como él mismo dice, “me dolió más la pérdida del amigo que la del artista”. Aún no sabe con seguridad qué día lanzará el tema, pero ya tiene varias invitaciones por parte de emisoras locales para aprovechar el aniversario del fallecimiento de Joe. A él no le interesa el reconocimiento ni el protagonismo, y dice que seguirá “cantando las canciones de Joe esté de moda o no, pero tendré aparte un proyecto musical propio”.

miércoles, 11 de julio de 2012

Joe Arroyo, el ‘ausente’ que no se fue




Su voz, hace cerca de un año, se fue con su cuerpo, robusto y macizo, y se llevó encerrado en su garganta el prodigioso chirrido que marcaba con sello genuino cada una de sus canciones. Y aunque se apagó el origen de ese vozarrón vibrante y monumental, el eco de sus melodías retumba como himno eterno que homenajea su grandeza y su legado artístico. Parlantes, altavoces y picós reanudan la sinfonía alegre y bulliciosa de esa banda sonora que a todos ha hecho bailar, gozar y gritar hasta un amanecer.

Las emisoras han sabido traducir en música el sentir de la gente, son heraldos de la vasta producción musical de Álvaro José Arroyo, el artista que más ha sonado este año en Barranquilla. En A.M. y F.M. se baila, por igual, al mejor ritmo del ‘joeson’. Javier Echeverry, Dj de Olímpica Stereo, cuenta que “Joe es el artista que más suena, y no por muerto, sino por exitoso. Todas las canciones emblemáticas suenan siempre y por igual, no hay un día que en nuestra programación no esté incluida una canción de Joe”.


‘Juguete de amor’


 Ralphy Polo, director de la emisora Rumba, recuerda entre risas la anécdota que llevó a Juguete de amor a sonar fuerte en esa estación. Édgar Castillo, mejor conocido como Dj Édgar, incluyó arbitrariamente esta canción de 1996 –del álbum Mi Libertad– en la programación de la emisora. Al ver Ralphy que su subalterno se había saltado el conducto regular y no le había consultado por la programación del tema, le dijo: “¡Édgar, ¿cómo vas a poner ese tema si hay otro montón de canciones del Joe? Si sigues haciendo eso sin preguntar, ahorita vas a terminar siendo tú el director!”.

El Dj aceptó el llamado de atención, pero dio la explicación de por qué había actuado sin consultar: “yo estaba escuchando un CD de Joe, sonó la canción y me emocioné. Me dejé llevar por esa emoción y lancé el tema al aire”.

Para ese entonces, el maestro seguía en la Clínica La Asunción en cuidados intensivos. La gente empezó a pedir la canción con asiduidad, y ya para septiembre, todas las emisoras locales tenían incluido en su programación el nuevo éxito del Joe, para muchos desconocido.

En Olímpica Stereo, Juguete de amor estuvo tres semanas consecutivas en el primer lugar de su ranking musical durante el primer semestre del año. En Rumba Stereo la situación no fue diferente: ha sido la canción que más ha sonado a lo largo de este año en el que Joe ha sido el gran ausente, como reza uno de sus inmortales temas.

En los estaderos

En La Troja, templo salsero por excelencia de Barranquilla, Joe Arroyo también es ícono. Su nombre no se ha quedado rotulando una sala musical homenajeando su vida artística; sigue siendo Álvaro José alma y vida de rumbas que lo declaran como el máximo ídolo local de multitudes.

Allí, Juguete de amor vuelve a tener protagonismo. La piden y piden sin parar, y al mismo son la bailan, en especial las mujeres. Mi Mary y La Rebelión también están entre el top 5 de las más solicitadas.

Pero es otro par de canciones las que guardan el mayor valor sentimental en el emblemático estadero: Flores silvestres, que ya es un clásico del lugar por ser la favorita de su propietario, Edwin Madera, y En Barranquilla me quedo, que desata el paroxismo entre quienes se encuentren en el lugar a cualquier hora, y el que bien podría ser considerado como el himno ‘trojero’ del Joe.

Ya sea en verbenas o estaderos, en la terraza de la casa o en el asiento de un bus, el sonar inconfundible de la voz de Joe Arroyo parece hacer parte ya de la rutina de los barranquilleros. Su discografía es banda sonora para el quehacer diario y, hasta una fila en un paradero de bus, bajo el sol inclemente de un mediodía en la ciudad, se hace más pasajera cuando es el chirrido del Centurión de la Noche que arrulla, como brisa, la jornada ineludible que debe continuar.

viernes, 26 de agosto de 2011

Un mes sin Joe, un negro claroooo claroooo

Vino a la ciudad. Vino a trabajar. Aquí está el placer, lo vino a buscar. Fue dejando atrás aquel basural concentrado en prostíbulos de mala muerte que fueron escenarios de regodeo donde la luna inspiraba sus pulmones y el aliento le inundaba el alma. En aquellas épocas sus ansias abundaban. Y su talento también…

Él, que nació en cuna pobre. Él, al que nunca le ha pasado nada. Él, que desde muy niño luchó pa´conseguir la fama. El gran Joe Arroyo de cuna pobre y sueños de alquiler, se fue en medio de titulares de prensa, shows mediáticos, música, llanto y ovaciones.

Fue poeta, músico y loco. Desafió los parámetros de la salsa  y sin proponérselo creó un ritmo que nadie más interpretará igual, el Joeson. Sin pretensiones ni influencias se dio el lujo de ser uno de los cinco colombianos en aparecer en la portada de la revista Rolling Stone. Se ‘tragó’ al mundo con su gira de conciertos y demostró que era el auténtico centurión de la noche.

Fue el responsable de la creación de un galardón especial en los premios Congo de Oro que se entregan en el Festival de Orquestas del Carnaval de Barranquilla. Era una avalancha monumental que hacía vibrar a quienes lo escuchaban. Él era un ‘arroyo’ de verdad verdad.

El Joe tocó el cielo con las manos y se asustó. Era un alma de niño encarcelada en una robusta figura de hombre negro de esos que no le temen a nada. Pero el Joe temía. A sus triunfos, a sus glorias, a sus amores, a sus vicios, a él mismo. Las tribulaciones de su alma lo llevaron a un deterioro inexorable del que no se pudo levantar por más matrimonio y novela que le sacaron.  Más bien, creo que eso lo terminó de matar.

Tararear una de sus canciones sería como vaticinar las peripecias de su corazón en sus últimos días. “Ella y tú, mi amor, me tienen loco y desesperado. Ella y tú, mi amor, me tienen mal sin saber qué hago. La letra es de Felipe Peláez, pero la sangre, la vida y el corazón de la interpretación solo se las podía dar el Joe. Él, quien en cada momento de su vida debió luchar con alguna encrucijada: la de pobreza, el desamor, las drogas, la fama, el dolor.

Tres esposas, seis hijos, cientos de millones en sus cuentas y un legado musical fue el patrimonio que dejó. Hoy los primeros se pelean los segundos en un vaivén de insultos y demandas. Ni después de muerto dejan descansar al pobre Álvaro José, el más insigne de los músicos que ha visto parir este país y que difícilmente encontrará sucesor en medio del resignado cúmulo de ‘artistas’ nuevos cuyo ingenio solo da para desempolvar lo que ya está inventado.

En realidad, nunca alcancé a dimensionar la fama del Joe solo hasta ahora que no está. Quizás por las impertinencias de la juventud y la arrogancia de querer saberlo todo y darle a los gringos, o británicos, o qué se yo, el privilegio de atesorar a los mejores en todo. Tal vez porque cuando nací ya estaba en la cúspide de su carrera y era demasiado pequeña para entender a aquel ciclón de semejantes proporciones.

Ahora, solo tengo claro, muy claro, que en el aniversario 30 o 40 de su muerte cuando mis hijos me pidan razón de aquel negrito sabrosón, echa´o pa´lante y de chirridos singulares, solo tendré que cantarles una estrofa de ‘Tania’, mi preferida, y bailarles al swing de su pegajosa melodía.